Donald Trump ha sido contagiado de coronavirus después de que se negara durante meses a usar mascarilla y a respetar la distancia de seguridad. Él se reía de estas cosas y ahora el miedo se instala en la Casa Blanca, porque tiene 74 años y es de factor de riesgo


Donald Trump ha visto cómo campaba la pandemia del coronavirus por el mundo sin prestarle demasiada atención, al considerarlo como un mero “virus chino”, como si su procedencia no afectase al ciudadano estadounidense. Mucho se ha reído de la enfermedad provocada por el Covid-19, a pesar de que su país ha sido uno de los más azotados del mundo, siendo hasta hace pocos meses la región más castigada del mundo, hasta que en Brasil se hizo incontrolable y le arrebató el trágico primer puesto en el ranking. Ahora, después de mucho negar las nefastas consecuencias sociales y económicas que el coronavirus ha traído al mundo, Donald Trump ha confirmado que el “virus chino” ha llamado a las puertas de la Casa Blanca, contagiándole tanto a él como a su esposa, Melania Trump.

Mucho se ha hablado ya de que el coronavirus no entiende de clases sociales, nacionalidades o colores políticos, pero Donald Trump siempre se ha sentido seguro ante la pandemia, al considerar que a él no le podía afectar algo tan pequeño como un virus. No repara en que tiene 74 años y que es una persona de riesgo. No obstante, ahora está comprobando en sus propias carnes cómo el Covid-19 se ceba con él y su familia, tras resultar contagiados en el peor momento para él, en plena campaña electoral para perpetuar su mandato como presidente de los Estados Unidos, tratando de vencer a Joe Biden en su imparable ascenso hacia el Despacho Oval en el que tan cómodo se siente.

Donald Trump ha menospreciado hasta el aburrimiento el patógeno del coronavirus, dejando claro en cada intervención que no suponía un riesgo para las personas, a pesar de que millones de seres humanos ya han perdido la batalla contra él en todo el mundo. Ahora el miedo se instala en la Casa Blanca, tras haber dado positivo tanto él como su mujer, Melania Trump, tras realizarse un test. Ahora deberá no solo guardar cuarentena en su casa, sino que deberá utilizar de manera obligatoria la mascarilla, que tanto ha rechazado desde el principio, negándosela a poner y alentando a los negacionistas a que hiciesen lo mismo, ayudando al coronavirus a que siga ganando terreno entre las ciudades estadounidenses.

“Empezamos nuestra cuarentena y el proceso de recuperación de inmediato. Saldremos de esto todos juntos”, escribía Donald Trump en Twitter, la vía por la cual se pone en contacto con sus fieles, tras el anuncio de que había contraído la enfermedad. El médico de la Casa Blanca, Sean B. Conley, emitió un comunicado para confirmar que el presidente estadounidense y la primera dama habían dado positivo en el test de coronavirus, pero también trataba de tranquilizar a las masas, dejando claro que ambos se encontraban bien de salud y que permanecerían en cuarentena durante la convalecencia: “El equipo médico mantendrá la vigilancia, apreciamos el apoyo que nos han ofrecido grandes profesionales de la medicina e instituciones del país. Estad tranquilos que el presidente continuará haciendo sus funciones sin interrupción mientras se recupera”, anunciaba.

Ahora Donald Trump tiene en sus manos la oportunidad de demostrar que lo que él decía era cierto, después de que se haya desmontado su creencia de que los ricos y poderosos no pueden ser contagiados por el coronavirus. De hecho, hace tan solo unos días aseguraba en un mitin político en plena batalla electoral que el coronavirus ya era historia y que habían logrado vencer la enfermedad y que solo afectaba a los más jóvenes. Su caso personal demuestra que no es así, aunque sobre la mesa tiene cientos de muertos diarios que demuestran lo equivocado que estaba. Después de despreciar el uso de mascarilla y negarse a mantener distancia social como principal medida de prevención frente al contagio, ha sucedido lo más evidente, que se ha contagiado él mismo y su mujer. Lo mismo que ha sucedido con otros dirigentes que negaron la gravedad de la enfermedad, negaron que fuese un problema de salud y que finalmente se vieron sufriendo las consecuencias en sus propias carnes, como así le sucedió al primer ministro británico, Boris Johnson, y al presidente brasileño, Jair Bolosonaro.

Ahora puede probar si efectivamente inyectarse lejía o gel hidroalcohólico en sangre cura la enfermedad, algo que no solo han desmentido los profesionales sanitarios, alarmados por tal estupidez que ya le ha costado la vida a decenas de personas que creyeron sus palabras. Una crítica que se suma a las nuevas tras dar positivo, dado que no ha parado de realizar actos multitudinarios, congregando a cientos de personas sin mascarilla ni distancia de seguridad y tras comprobar que parte de su equipo, que le ayuda a ganar las elecciones del próximo 3 de noviembre, han dado positivo en lo que creían un mero “virus chino”. Un golpe de realidad que le pasará factura en su estrategia electoral y que da un empujón a su principal rival, Joe Biden, más concienciado con la necesidad de adoptar medidas para no perecer ante la pandemia.