Tras su paso por Eurovisión y la muerte de su abuela, el artista murciano nos ha abierto las puertas de su hogar y de su corazón


El artista murciano nos ha abierto las puertas de su hogar y de su corazón. Después de unos meses de relax alejado del foco mediático, un tiempo que tanto necesitaba, Blas Cantó (29) nos cuenta en qué punto de su vida está y lo hace en la casa que se ha comprado en Madrid. Allí nos ha invitado a desayunar y se ha sentado para mostrarnos sus cicatrices, y es que Blas aún llora la muerte de su abuela, que era y será el amor de su vida y su otra madre.

Fotos: Joan Crisol

¿Cuánto tiempo llevas en esta casa?
Ya llevo viviendo aquí cerca de un año y tres meses y aún estoy terminando de reformarla  y decorarla. Me lo paso muy bien e intento buscar cosas que me hagan sentir cómodo, porque no me gustan las cosas ostentosas. Ahora mismo me has pillado en plena reforma del jardín, poco a poco iré convirtiéndola en la casa de mis sueños.

Una de las estancias que más me ha gustado ha sido la cocina. ¿Te gusta cocinar?¡Sí! Me salen muy bien las paellas, el arroz con pollo, las lentejas… También me quedan genial todos los platos que son de cuchara. Además, me gusta muchísimo traer a mis amigos y familiares aquí. Lo pasamos muy bien, sobre todo porque son planes muy tranquilos, no desfasados ni hacemos el loco. Hemos sido y somos muy responsables con todo el tema del covid.

¿Esta casa es de alquiler o hipoteca?
Pues yo siempre he sido de alquiler, hasta este año que me he pasado a la hipoteca. Tenía para pagar eso que te piden de entrada y me he lanzado y metido de lleno. Ya veremos.

Vaya año tan intenso te ha tocado vivir y experimentar.
Ha sido un año muy duro y satisfactorio al mismo tiempo. Creo que este año se ha mezclado el mejor momento de mi vida con el más triste. La pérdida de mi abuela ha sido muy dolorosa, y ahí la tengo,  con su fotito y su velita. Hay días que no me lo puedo creer, todavía no lo asimilo, me cuesta.

El tema que cantaste en Eurovisión fue un homenaje a ella. Tu abuela, donde esté, se sentirá muy orgullosa de ti.
Ese mensaje no era para mi abuela, era para quien para mí ha sido también mi madre. Porque ella no era la típica abuela a la que voy a visitar de vez en cuando, o que me cuida, es que ha sido mi madre y eso ha marcado mi vida.

Fotos: Joan Crisol

Te veo más fuerte que la última vez que nos encontramos. Quizás el tiempo ayuda a sanar las cicatrices.
No sé, tal vez sí, pero por otra parte, me lo hago, porque si no estaría llorando todo el día. Y me permito mis momentos de llorar, pero también intento continuar con mi vida, porque al final nosotros estamos aquí. Por eso me siento muy identificado con la historia de Ana Obregón. Obviamente, yo no he perdido un hijo, pero mi abuela sí perdió a su hijo, a mi padre, que murió en mayo del año pasado. Tenía solamente 49 años, que tampoco era demasiada edad. Ese dolor lo viví junto a ella y cuando leo sus textos me siento muy identificado.

Hablas de Ana Obregón. Ella dice que no existe un término que defina la situación en la que se encuentra una madre al perder a un hijo, pero  tampoco existe un término para describir en la situación que se encuentra un nieto al perder a una abuela.
Bueno, de alguna manera sí me he quedado huérfano. Ella era como mi madre, de verdad. Muchas veces me río recordándola y otras lo paso muy mal. Por eso Eurovisión fue tan difícil para mí, porque era consciente de que en cualquier momento mi voz podía apagarse. Mi abuela era además mi mayor fan.

¿Y cómo te encuentras tras tu paso por el concurso?
Bien. Hace poco hice mi primer concierto, después de dos años y me sentí raro. Me sentí descolocado, porque no sabía ni cómo actuar, ni qué hacer, ni cómo cantar. Es como empezar de cero y todo después de una cosa como Eurovisión… Parece que después de eso puedes hacer cualquier cosa en la vida, sin embargo, lo siento al revés. Es como ¿y ahora cómo lo hago? Es súper diferente. Volver a estar tan cerca de la gente me ha costado, pero al final me siento como pez en el agua.