La Reina, a su llegada a Ziguinchor.

Letizia ha sorprendido este segundo día de visita en Senegal con un estilismo que va más allá de lo recatado. Un estilo completamente distinto al que nos tiene acostumbrados, pero que sin duda está acorde con el lugar y el tipo de viaje que está realizando en tierras africanas. 

La Reina se ha trasladado a la ciudad de Ziguinchor. Una vez allí, ha ido a la Facultad de Medicina de la Universidad de Assane Seck para asistir al lanzamiento del Proyecto de formación de agentes de salud sobre mutilación genital femenina en Casamance, financiado por la AECID, y que trata de frenar la práctica de la ablación en dicha región. El objetivo es que, al término del proyecto, los profesionales sanitarios se conviertan en un actor influyente en el descenso de la práctica de la mutilación genital en las mujeres. Un asunto muy delicado que, en cuanto a la forma externa, parecía no requerir de muchos alardes estilísticos por parte de Letizia.

Ataviada con una sencilla blusa de manga larga, abotonada hasta arriba y por fuera del pantalón blanco, con el pelo recogido en una coleta, esta Letizia nada tiene que ver con la elegante Reina que hace pocos días estrenaba un maravilloso vestido de Delpozo. Lógicamente, el contexto es otro muy distinto.

Después de esta visita, la Reina se trasladará a la granja agroecológica familiar «Naatangué», en la comuna de Oussouye, en la región de Casamance. La AECID realiza allí una importante labor con su socio institucional senegalés, la Agencia Nacional de Inserción y Desarrollo Agrícola (ANIDA). Se trata, por tanto, de una jornada que se desarrolla eminentemente sobre el terreno. Letizia no brillará por su estilismo, pero desde luego que va muy cómoda.

Letizia ha sido obsequiada con un baile tradicional de la región.
A las puertas de la Universidad de Ziguinchor, unas jóvenes esperaban a Letizia con una pancarta de bienvenida.