El príncipe Alberto de Mónaco ha explicado cómo algunos síntomas del coronavirus duraron meses en su cuerpo, impidiéndole llevar una vida con normalidad. Eso sí, pudo ir a una fiesta sin mascarilla y sin respetar las medidas de distancia social


El príncipe Alberto de Mónaco fue el primer jefe de una casa real europea en anunciar que había resultado contagiado de coronavirus. Fue el pasado mes de marzo, al inicio de la pandemia a nivel mundial y sus estrechos contactos con otros altos mandatarios supuso un foco de infección en las altas esferas. Incluso el príncipe Carlos de Inglaterra se vio afectado por este contacto estrecho. El príncipe monegasco tuvo que permanecer en cuarentena alejado de su familia y también de la agenda oficial, bajo cuidados médicos y tratando de recuperar la salud.

A pesar de que ya ha regresado a la actividad pública y parece encontrarse ya en perfectas condiciones, lo cierto es que el coronavirus ha hecho mella en su organismo y aún siente las secuelas de su paso por su cuerpo y es que el virus se ha resistido mucho a la hora de darle un respiro y las consecuencias de la enfermedad han sido notorias hasta hace bien poco. Al menos así lo ha asegurado el propio príncipe Alberto de Mónaco en conversación con la revista ‘People’, donde ha hablado sin reparos sobre su recuperación y cómo experimentó una notable mejoría tras su cuarentena, pero que algunos síntomas tardaron una larga temporada en dejarle tranquilo.

Foto: Gtres

El príncipe Alberto de Mónaco ha explicado con detalle que comenzó a sentir los primeros síntomas del coronavirus al percatarse de que tenía una persistente tos seca. Esta le acompañó durante más semanas, incluso después de dar negativo en las respectivas pruebas PCR. Pero lo que más ha tardado en dejar atrás ha sido la fatiga, el profundo estado de eterno cansancio que arrastró hasta el pasado mes de junio, casi cuatro meses después de dar positivo en la pandemia que aún sigue asolando nuestra forma de entender el mundo y de relacionarnos.

“No era todos los días, sino dos, tres veces por semana”, confiesa el príncipe Alberto de Mónaco, que desea que su testimonio sirva para tomar ejemplo entre los ciudadanos de la necesidad de respetar las medidas de contención de la pandemia, al tratarse de algo más peligroso de lo que veníamos considerando en un principio. Y es que el hijo de Rainiero de Mónaco y Grace Kelly ha recordado que el coronavirus permanece latente en el organismo de los infectados durante mucho más tiempo del que se creía. El príncipe Alberto de Mónaco ha comparado esa sensación de fatiga a cuando “hacemos demasiado” o cuando “se está saliendo de una grave enfermedad”. Eso sí, al inicio de su contagio lo vivió de forma más calmada, al presentar una sintomatología leve, parecido a un cuadro gripal común.

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De hecho, gracias a que los síntomas que el príncipe Alberto de Mónaco presentó desde un primer momento, le permitió continuar al frente de sus responsabilidades como jefe de la casa real monegasca con videoconferencias y llamadas telefónicas. Pero no todo fue trabajo y confiesa que también mató muchas horas leyendo libros, ojeando revistas y viendo diversos vídeos. Nada de estrecho contacto con la princesa Charlène ni sus dos hijos, quienes debían permanecer alejado de él para no resultar contagiados. No tuvo el mismo cuidado con su hija mayor, Jazmin Grace Grimaldi, que resultó contagiada a pesar de que mantuvo que había respetado con especial responsabilidad las medidas de restricción e higiene. Ella lo pasó peor que su padre y es que se quejaba del picor en la garganta, la alta fiebre que le acompañó durante varios días, fuertes migrañas que le incapacitaban en su día a día, así como un persistente dolor en los pulmones que le dificultaba la tarea de respirar. Este cuadro sintomatológico lo arrastró durante meses y le obligó a acudir al hospital en diversas ocasiones.

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A pesar de que las cifras de contagios y fallecimientos a consecuencia del coronavirus en Mónaco son especialmente positivas, el príncipe Alberto anima a todos a no bajar la guardia y respetar las directrices que se marcan desde el gobierno central. La idea es mantener esas positivas cifras y no caer en tendencias conformistas o descuidar los buenos hábitos ahora que las cosas parecen ir mejor. Así, se han limitado las celebraciones durante estos últimos meses, incluso en el Día Nacional de Mónaco, su fiesta grande, que sufrió recortes y aforos limitados. Lo mismo que sucederá ahora con la Navidad: “Vamos a tener mucho cuidado, mucho cuidado y cerrar los lugares públicos habituales donde la gente se congrega en la víspera de Año Nuevo, como la Plaza del Casino y el muelle donde normalmente tenemos el Mercado de Navidad, que es una versión muy reducida este año”, confiesa el mandatario, que prefiere mantenerse cauto a la hora de hablar de posibles fechas de vacunación masiva entre sus ciudadanos.