La Reina Sofía celebra su 82 cumpleaños dando muestras de una enorme fortaleza física y emocional. Así ha dado la vuelta a una situación complicada.


La Reina Sofía  cumple el 2 de noviembre 82 años, una edad a la que llega en una forma estupenda y con una energía envidiable. Los últimos años, y especialmente los últimos meses, no han debido ser fáciles para ella. La marcha del Rey Juan Carlos el pasado 3 de agosto rumbo a Emiratos Árabes Unidos, a raíz de las informaciones que le relacionaban con supuestos negocios ilícitas (ahora la Fiscalía acaba de anular las diligencias que había abiertas contra él), la han dejado en una situación de soledad manifiesta.

Es cierto que cuenta al lado con sus hijos, sus nietos, su querida hermana Irene, con la que convive desde hace años, además de algunos amigos íntimos. No está sola, pero para una mujer criada a la antigua usanza, que ha soportado estoicamente años de rumores y crisis de distanciamiento, el hecho de que su marido se vaya lejos supone un duro golpe emocional. Pese a todo esto, Doña Sofía no se ha arredrado. ¿Se ha encerrado en La Zarzuela? No. ¿Ha desaparecido de la escena como el Rey emérito? Tampoco. La Reina Sofía ha realizado un ejercicio de reinvención personal y profesional digno de alabar. 

Robert Smith.

Al contrario que Don Juan Carlos, quien anunció su ‘jubilación’ de la vida institucional en junio de 2019, la Reina Sofía ha seguido manteniendo una agenda oficial activa que complementa a la de los Reyes Felipe y Letizia. Para ellos continúa siendo un baluarte, un valor muy apreciado para llevar a cabo actividades a las que la emérita presta su impagable experiencia. Llama especialmente la atención la intensidad con la que ha retomado sus compromisos tras el confinamiento obligado por la pandemia. El pasado verano reapareció en Palma de Mallorca, donde llegó unos días antes que la Familia Real. Este año no compartió salidas públicas con ellos, pero sí se le vio junto a su hermana y el matrimonio Fruchaud compartiendo compras y un café en una terraza de la capital balear. Desde entonces, la Reina no ha parado.

En su plan de ‘reinvención’, sea calculado o no, encontramos un llamativo número de apariciones públicas y no circunscritas a la Agenda Real: ha visitado los Bancos de Alimentos de Castilla-La Mancha, Murcia, Las Palmas de Gran Canaria y Lanzarote. También ayudó a liberar en el mar a una tortuga recuperada de sus heridas en el Aquarium de Palma; y se convirtió en una convincente voluntaria recogiendo basura de una playa en la localidad malagueña de Rincón de la Victoria. Recientemente entregó el Premio de Pintura BMW en el Teatro Real. Incluso la hemos sorprendido de tapas en un local de Murcia, una situación privada en la que solo imaginábamos al Rey emérito. En suma, la Reina Sofía no solo no se ha quedado en casa, sino que se ha propuesto ocuparse (y no preocuparse), practicar aquello de «al mal tiempo, buena cara», y si es por una buena causa, mucho mejor. Como dato curioso, en Palma nos dimos cuenta de una cosa: se quitó el anillo de pedida que le entregó un joven Don Juan Carlos hace casi 60 años…