La Reina Letizia fue pillada en un gesto de pura coquetería durante su paseo con el Rey Felipe por el centro de Santa Cruz de La Palma.


Los Reyes estuvieron el pasado fin de semana en La Palma, donde rindieron un emotivo homenaje al pueblo de la isla a raíz de la erupción del volcán de Cumbre Vieja. Poco antes del acto en sí, Don Felipe y Doña Letizia aprovecharon para dar un paseo por el centro de Santa Cruz de La Palma, como si de dos turistas se tratase, sorprendiendo a propios y extraños. Pero durante su recorrido reparamos en un detalle que a punto ha estado de pasar inadvertido…

Casa de S.M. el Rey.

Sus Majestades caminaron por las calles de la capital, disfrutaron de sus iglesias y preciosos monumentos, se pararon a charlar con algunas personas y también visitaron algunas tiendas. Todo ello iba destinado a mostrar los encantos de la conocida como la «isla bonita» y apoyar el turismo cuando más lo necesita.

reina letizia, rey felipe
Casa de S.M. el Rey.

Precisamente fue cuando la pareja pasaba por delante de uno de los establecimientos, que tenía expuestas camisetas y otros objetos, cuando sorprendimos a la Reina Letizia en un gesto de lo más coqueto. Las cámaras de la Casa Real fueron testigos de un instante fugaz, pero muy simpático.

Casa de S.M. el Rey.

Y es que al caminar frente al escaparate de la tienda, pillamos a Letizia observando su propio reflejo en el cristal. Unos segundos en los que su mirada le dio un repaso a su figura, de arriba a abajo.

Casa de S.M. el Rey.

Quién más, quién menos hace lo mismo. Todas y todos. La Reina es como todo el mundo, cosa que no es ninguna novedad (faltaría más). Solo podemos destacar que, más allá del protocolo de sus compromisos oficiales, este tipo de cosas nos muestra un lado distinto de la realeza. Más cercano, más ‘humano’.

Durante ese instante reflejada en el cristal, Letizia pudo revisarse, comprobar cómo se veía, si le sentaba bien el ajustado vaquero de Liu Jo, si la romántica blusa de mangas abullonadas de Uterqüe combinaba bien… La Reina es súper cuidadosa con su imagen y procura controlarla lo más posible.

Esta anécdota nos lleva irremediablemente a pensar en el cuento de Blancanieves: «Espejito, espejito… ¿quién es la más bella del reino?». Bueno, pero sin madrastra.