El 8 de enero de 2020 decía adiós uno de los familiares más queridos del Rey Felipe, su tía Pilar. Durante este tiempo muchas cosas han cambiado para los suyos, en especial para su querido hermano Don Juan Carlos.


Hoy 8 de enero se cumple justo un año de la muerte de la Infanta Pilar de Borbón, la hermana mayor del Rey Juan Carlos. Nos decía adiós en su casa de Puerta de Hierro, en Madrid, tras un cáncer de pulmón que al final no pudo superar. Tenía 83 años. Dejaba atrás a sus cinco hijos, Simoneta, Juan, Bruno, Beltrán y Fernando, además de 11 nietos, que lamentaban su pérdida con tristeza y dolor. La duquesa de Badajoz era una mujer enérgica, de fuerte carácter y personalidad, que dejó una huella imborrable y nunca pasó inadvertida. Un año después su familia convive con su recuerdo y trata de seguir con su vida sin ella. Una vida que, en especial para su querido hermano, ha dado un vuelco por completo.

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Muchos echan de menos saber qué hubiera opinado la Infanta al conocer que Don Juan Carlos salía de España el pasado 3 de agosto debido a una serie de escándalos financieros. Desde entonces se encuentra en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) –como así muestra su última foto-, solo y lejos de los suyos, y ni siquiera ha regresado estas navidades ni para su cumpleaños, el pasado 5 de enero, como cuentan sus allegados que hubiera sido su deseo. Tanto su hijo el Rey Felipe como el Gobierno parece que lo desaconsejaban. El hecho es que Doña Pilar seguro que no se hubiera mordido la lengua al respecto. Si algo la caracterizaba era que hablaba alto y claro.

Como es natural, son sus cinco hijos los que más la echan en falta. En particular la mayor, Simoneta Goméz-Acebo, su mano derecha en tantas cosas y en especial en la ong Nuevo Futuro, que fundó la Infanta hace más de 50 años para ayudar a las familias desfavorecidas y a los niños y jóvenes en riesgo de exclusión. Su popular Rastrillo navideño cada edición lograba acaparar la atención (y los donativos) de todo el mundo, desde la alta sociedad a las personas de a pie, para aportar su granito de arena a la causa. Apenas dos meses antes de su muerte, Doña Pilar acudía al Rastrillo la primera  y animando a colaborar.

En esa tarea Simoneta ha recogido el testigo con la mayor ilusión y siempre pensando en su madre, a quien no le gustaría que su labor decayera. «Si no lo hago, sé que ella me daría un golpe en la cabeza», nos contó la propia Simoneta hace unas semanas en una entrevista para SEMANA: «Todavía me cuesta hablar de ella sin emocionarme», añadía.

Precisamente con ese compromiso y en homenaje hacia su querida madre, Simoneta se las ingeniaba esta última edición para seguir en la brecha pese a no poder celebrarse el mercadillo físico a causa de la pandemia. En su lugar organizaba un Armario Solidario en el que vender online objetos y prendas destinadas a recaudar fondos, entre las que se encontraban algunas pertenecientes a la Infanta. Aún le cuesta hablar sin que afloren las lágrimas, pero está en el camino. Ella es la más visible de sus hermanos, quienes continúan sus vidas con discreción, ajenos a las cámaras y la vida pública. La última vez que les vimos a todos juntos fue, precisamente, en la misa funeral en memoria de la Infanta Pilar, celebrada el 29 de enero de 2020 en El Escorial. La misma estuvo presidida por los Reyes Felipe y Letizia y por los monarcas eméritos, además de asistir las Infantas Elena y Cristina y un sinfín de familiares y amigos, como la exreina Beatriz de Holanda.

También en eso fue distinta Doña Pilar. La hermana del Rey Juan Carlos pidió ser incinerada y su urna depositada en el cementerio de San Isidro de Madrid junto a su marido, Luis Gómez-Acebo, fallecido en 1991, y no en el monasterio escurialense como le hubiera correspondido por su sangre real. Simoneta nos confirmaba en la misma entrevista que su madre dejó una carta escrita para sus cinco hijos, cuyo contenido por supuesto se reserva, y que también han puesto a la venta la casa familiar de Puerta de Hierro, ahora vacía, pero llena de recuerdos.