Los activistas del grupo ecologista Just Stop Oil han vuelto a hacer de las suyas y conseguir la repercusión mediática mundial que buscan para su mensaje en protección del ecosistema. Han entendido que deben hacer fechorías de gran calado internacional para que su mensaje no caiga en el olvido y si hace unos días atentaban contra obras de arte de incalculable valor, ahora han hecho lo propio con el rey Carlos III de Inglaterra, aunque la víctima no ha sido el propio monarca, sino más bien su réplica de cera que descansa -ahora a duras penas- en el prestigioso Museo de Cera Madame Tussauds de Londres, el más importante del mundo.

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Dos activistas han lanzado tartas a la cara de la figura que representa al rey Carlos III de Inglaterra en la citada galería, acaparando todas las miradas del mundo entero. Con esta actividad delictiva, este grupo de ecologistas busca exigir al gobierno británico que «detenga todas las nuevas licencias y consentimientos» para la extracción de petróleo y gas. Es decir, lo que quieren es obstaculizar «la exploración, desarrollo y producción de combustibles fósiles en el Reino Unido». Quizá no lo consigan, pero no pueden decir que no se estén esforzando para que su mensaje sea escuchado alto y claro.

Estos ecologistas que han atentado con tartas contra el gemelo de cera de Carlos III han pagado religiosamente su entrada para acceder al museo poco después de las 10:30 horas de la mañana. Una vez localizada su víctima, han sobrepasado la barrera de cuerdas y han estampado sin miramientos tartas en su rostro, ante la atenta mirada del resto de visitantes y también frente a las cámaras que después darían buena cuenta de su fechoría en redes sociales y demás medios de comunicación.

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Foto: Gtres

Los autores de este ‘dulce’ ataque son Eilidh McFadden, de 20 años, y Tom Johnson, de 29 años, que han dejado claro su cometido con su reivindicativa acción: «Estamos aquí porque buscamos proteger nuestras libertades y derechos, porque buscamos proteger esta tierra verde y agradable que es herencia de todos nosotros», se defendían, a la vez que recordaban unas palabras pronunciadas por la desaparecida reina Isabel II de Inglaterra tras la COP 26 de Glasgow de 2021: «¡El tiempo de las palabras se ha trasladado al tiempo de la acción!» y eso es precisamente lo que están haciendo estos activistas, dejar de hablar y actuar en consecuencia para evitar que el planeta sufra aún más las malas decisiones de la clase dirigente que parece vivir ajeno a un problema que nos afecta a todos. Eso sí, quizá sus acciones no sean las más recomendadas, aunque sí consiguen la repercusión mediática necesaria.