La reina Isabel II está desolada después de conocer que ha muerto su prima y mejor amiga, Lady Mary Colman, a la que estaba profundamente unida. Un duro revés que se une a una temporada especialmente mala en Buckingham


Estas Navidades han sido especialmente atípicas para la reina Isabel II y es que también ella ha sufrido las restricciones del Gobierno británico a la hora de celebrar las habituales festividades con sus seres queridos. Además, se une el hecho de que su nieto, el príncipe Harry, está más distante de la familia desde que tomó la drástica y criticada decisión de poner tierra de por medio, marcharse a vivir a Los Ángeles con Meghan Markle y su hijo Archie y no mirar atrás. Pero si esto no fuese suficiente drama para la reina Isabel II, que también está en pleno confinamiento impuesto por el Primer Ministro en todo el Reino Unido, ahora tiene que hacer frente a la dura pérdida de uno de sus seres más queridos: su prima, además de íntima amiga, Lady Mary Colman.

Era habitual ver a Lady Mary Colman acompañando a la reina Isabel II en sus actividades privadas, pues atesoraban una preciosa amistad que iba mucho más de su parentesco familiar como primas. Se dejaba ver con los Windsor en su residencia escocesa de Balmoral, así como en la casa de campo de la familia real en Sandringham, donde refugiaban sus encuentros de miradas ajenas. Unas citas que ya no podrán realizarse más, después de que la hija del capitán Michael Bowes-Lyon, hermano de la reina madre, falleciese a los 88 años el pasado día 2 de enero en la casa en la que vivía junto a su marido, Sir Timothy Colman, en Norfolk.

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Más allá de su vínculo familiar como primas, la Reina Isabel II de Inglaterra y Lady Mary Colman eran amigas. Es por eso que ambas han participado en los grandes acontecimientos personales y familiares que ambas partes han celebrado. Fue así en 1951, cuando la soberana británica se casó con el duque de Edimburgo en la Iglesia de San Bartolomé el Grande de Londres. La monarca correspondió este gesto, estando siempre presente en el nacimiento de los cinco hijos que Lady Mary Colman y su marido tuvieron y cuyo crecimiento siempre ha estado seguido de cerca por la reina. Un compromiso con la felicidad del otro que se ha repetido con religiosidad con la llegada de sus respectivos nietos y bisnietos y es que la longevidad de estas dos mujeres les ha hecho dignas de una vida plena cargada de emociones que supieron disfrutar con su mutua compañía y que agranda ahora el dolor por la pérdida.

A pesar de su proximidad a la familia real británica, a Lady Mary Colman no se le caían los anillos por trabajar. Al menos no por velar por el desarrollo de los más desfavorecidos, amadrinando actos benéficos o con la fundación del Norfolk Millennium Trsut for Carers. También a favor de los animales, una de sus grandes pasiones junto a la música y el piano, el cual tocaba de oído con maestría y elegancia. También levantó un negocio de flores en colaboración con unos amigos, que le llenó más de ilusión y satisfacción personal que de fortuna. Y es que lo que perseguía la prima de la reina Isabel II no era tanto amasar millones en su cuenta corriente, sino más aprovecharse de su privilegiada situación para poner el foco mediático sobre los que más ayuda necesitan, ya sean personas sin recursos, trabajadores mal remunerados, el maltrato y abandono animal o los niños con autismo.

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