Tras siete años de batalla legal, la hija biológica y extramarital del monarca belga celebra su nuevo título real y su «derecho a existir».


Hace unos días Delphine Boël recibió la mejor de las noticias tras siete años de batalla judicial: conseguir su título de princesa. Después de haber sido reconocida anteriormente en los tribunales como hija biológica del rey Alberto de Bélgica (padre del actual rey Felipe), lo que supuso otra larguísimo proceso, solo quedaba ese último fleco para lograr su satisfacción plena. A partir de ahora ya no utilizará el apellido del que ejerció como padre en su día a día y pasará a llamarse Delphine de Sajonia-Coburgo Gotha. La cadena belga RTL Info ha logrado sus primeras declaraciones al respecto en una entrevista marcada por la emoción. En la posterior rueda de prensa para los medios, Delphine no pudo más y estalló en lágrimas.

Delphine tiene 52 años y es artista. Cuando salió a la luz para contar que era hija biológica del monarca y que iba a luchar por sus derechos, pocos confiaron en un final feliz. Pero el tiempo le ha dado la razón y así lo expresa frente a las cámaras: «Pensé que era la manera más civilizada de intentar arreglar una historia entre mi padre y yo. En 2001, cuando yo tenía 33 años, él me dijo por teléfono que no era mi padre. Así que tenía una relación muy distendida con él…»

Gtres.

Ella recuerda con ironía este episodio, pero le supuso un gran dolor y el inicio de un periplo judicial incierto. «Después de aquello fue muy difícil para mí. Durante todos los días de mi vida ha sido complicado. Empecé a estar en una lista negra, sobre todo en los bancos. Los proyectos se anulaban porque pensaban que quizás podrían molestar a la Familia Real. Llegué al límite y solicité ayuda al sistema judicial».

«Había una enorme hipocresía: yo llevaba un nombre que no me pertenecía, aquel con el que no me sentía identificada en absoluto. Y lo llevaba para proteger a Alberto del escándalo. Yo no veía cuál era el problema de decir simplemente que yo existía. De decir: ‘Ella existe y dejadla tranquila'».

A la batalla legal se sumó la mediática, según cuenta Delphine: «Eso ha sido muy difícil, porque se me ha criticado mucho. Se ha mediatizado. Esa situación es complicada de gestionar con dos hijos. Afortunadamente, encontré buenos abogados que aceptaron mi caso y mi idea de resolver el problema».

Tras la resolución judicial a su favor, la ya princesa Delphine asegura que no ha recibido ninguna noticia o mensaje de su familia. Ni de su padre, el rey emérito, ni de sus tres hermanos, el rey Felipe, el príncipe Laurent y la princesa Astrid. Según dice, el contacto con su padre lo perdió aquel 2001 y ya nunca más lo han retomado. Para la joven, todo ha terminado: «Yo ya no pido nada. Debería venir de parte de ellos, porque no voy a hacerlo yo».

Con la obtención del título de princesa de Bélgica, Delphine ve reconocidos sus derechos y los de sus hijos, como relata a la cadena RTL Info: «Lo he hecho porque no quería que la gente sembrara la duda de dónde vienen. Incluso en el colegio, algunos dudaban de mi historia y a mí eso me parecía insoportable por mis hijos. A partir de ahora ellos van a continuar con su vida como antes. En cuanto a mí, sigo siendo una artista y me siento más completa ahora que la verdad ha salido a la luz». Sus hijos, Josephine (17) y Oscar (12), también serán princesa y príncipe con el tratamiento de Alteza Real.

A veces Delphine se ha sentida duramente juzgada por la opinión pública, que la veía como una interesada. Ella responde a esto riendo: «Es bastante ridículo, porque finalmente mi padre… En fin, quiero decir Jacques Boël, del que llevaba su apellido, era más rico que la Familia Real. Yo era hija única, así que si lo hubiera hecho por el dinero habría sido bien tonta». El hecho es que ahora ya puede escribir con orgullo su nombre como princesa Delphine de Bélgica, si bien en esta entrevista ella pide al periodista (que le sugiere Princesa, Alteza Real, etc) que la llame sencillamente Delphine.