La princesa heredera Amalia de Holanda ha acudido por primera vez al tradicional Día del Rey, como llaman allí a la solemne apertura del Parlamento. La cita tenía toda la pompa y circunstancias en La Haya. De hecho, la joven y sus padres, los reyes Máxima Guillermo, llegaron en una impresionante carroza dorada, con toda la pompa y circunstancias.

Amalia, que una vez cumplidos los 18 años, ha empezado a asumir más deberes institucionales, acaparó las miradas con un vestido largo y unas joyas impresionantes. Todas ellas salidas, claro está, de los fondos reales. Pero unas, en particular, guardan un significado muy especial para ella.

amalia de holanda
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Amalia finalizaba su look (un vestido de verde con drapeados de Asos, que cuesta 108 euros) con un casquete de rafia en rosa palo, que llevaba prendidos varios broches de diamantes con forma de estrella. Esta pieza sale directamente del armario de su madre, de la que ya empieza a reciclar sin problema.

amalia de holanda
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Las joyas de estrella son famosas desde que Máxima las escogió para su boda con el entonces príncipe Guillermo, en febrero de 2002. En ese caso, tomó la base de la llamada Tiara de Perlas, que se remataba con broches de perlas y es muy querida para las mujeres de la realeza de los Países Bajos (de hecho, se la puso la princesa Beatriz en su coronación), para transformarla con unos broches de estrellas, de diez y doce puntas. Desde entonces, a esta se la conoce como Tiara de Máxima.

maxima de holanda
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Tan especial es para madre e hija, que la princesa Amalia eligió esta misma tiara el pasado junio para asistir al 18 cumpleaños de la princesa Ingrid de Noruega (otra futura reina). Era la primera vez que Amalia se tocaba con una tiara, al haber celebrado ya su mayoría de edad.

maxima de holanda
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Máxima sentía debilidad por esta tiara en sus primeros años en la realeza. Tanto que reutilizó los broches para este casquete con motivo de la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton, el 29 de abril de 2011.

Las otras joyas de Amalia para este Día del Príncipe fueron un collar y pendientes de esmeraldas que la reina Guillermina recibió en 1899 como regalo de su madre, la reina Emma. La cartera, de Anna Cecere, también era propiedad de su madre. Suponemos que no será la última vez que la futura soberana rebusque en el vestidor de Máxima.

Después de este gran evento, la princesa Amalia regresó a Ámsterdam, donde este año ha empezado sus estudios universitarios de Política, Psicología, Derecho y Económicas (PPLE).