La mujer de Antonio David ha concedido una entrevista televisada que no ha sido todo lo explosiva que se esperaba. Estas son las claves de su respuesta a Rocío Carrasco.


Miércoles 28 de julio. Días después de quedar ganadora en ‘Supervivientes 2021‘, Olga Moreno se ha sentado en el plató de ‘Ahora, Olga’ para contestar, punto por punto, a las incendiarias declaraciones de Rocío Carrasco en el documental ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’.

«No vengo a hablar de Rocío Carrasco, vengo a hablar de lo que se ha dicho sobre mí», aclaraba nada más comenzar el programa. Un espacio en el que ha hablado de cuestiones como el distanciamiento de David y Rocío Flores con su madre, su reacción al conocer el intento de suicidio de la ex de Antonio David Flores o lo que pasó, según su versión de los hechos, tras la brutal paliza de la colaboradora de ‘El programa de Ana Rosa’ a su progenitora. Cuestiones que la sevillana ha abordado en muchas ocasiones sin entrar en polémicas, sin avivar más aún la llama de una encarnizada guerra que lleva 25 años enfrentándola en los juzgados a la ex de su marido.

«Voy a hablar de mí«, ha sido una de las frases más repetidas de Olga. También ha reiterado varias veces que Rocío Flores y David «no son mis hijos, son sus hijos». Son palabras que sonaron una y otra vez durante su puesta en escena en Mediaset. Su presencia ante las cámaras no ha resultado tan apoteósica como se esperaba. Porque la andaluza ha esquivado algunos temas, en los que ha preferido ahondar. Como su mala relación con Fidel Albiac, al que no saludaría por que tiene sus «motivos». Respuesta ambigua que se suma a las numerosas repeticiones en su discurso.

«No soy una madre coraje». Es otra de las frases que Olga ha pronunciado de manera reiterada. Hacía alusión con ella a las críticas de Rocío Carrasco, quien considera que le ha arrebatado el cariño de sus hijos. Uno de los pocos momentos que la hemos visto hablar con contundencia ha sido precisamente al comentar el distanciamiento de la empresaria con sus vástagos. Fue la ocasión perfecta para que lanzara un zasca en toda regla con el que, por una vez, se mostraba tajante con la protagonista de la docuserie.

«A mí me pueden poner rocas. Cruzo mares por estar con mi hija… Yo soy madre y yo iría con mi hija hasta el fin del mundo. Si a mí me roban a mi hija cruzo mares. A mí nadie me va a quitar a mi hija. Lo puedo hacer mejor o peor, pero mi hija va a estar conmigo». De este modo zanjaba las habladurías en torno a las causas por las que Rocío y su hermano no ven a su madre. Ella no tiene nada que ver. Todo lo contrario. Se ha limitado a cuidarlos y darles amor durante años. «Lo único que he hecho en estos 22 años es darle mucho amor a unos hijos que no son míos», recordaba. Eso de que «los hijos no son míos» ha sido otra de sus frases recurrentes a lo largo de la entrevista, conducida por Carlos Sobera en horario de late night.

Tampoco ha querido entrar en detalles cuando se le preguntó por el intento de suicidio de Rocío Carrasco. Como todo el mundo sabe, estos hechos sucedieron en agosto de 2019, poco después de que Antonio David saliera de ‘GH VIP’. La audiencia quería conocer, seguro, cómo vivió ella la noticia. Pero en este punto tampoco quiso entrar. Su respuesta fue breve. Solo se limitó a decir que Rocío Flores se enteró por su padre. Poco más. Tras el incidente, «lo único que hago es estar con Rocío Flores. No te puedo decir otra cosa». Una nueva respuesta vaga e imprecisa que ha resultado decepcionante para los espectadores. Comentarios como «me voy a la cama», «ha estado contenida» o «ha hablado con respeto y educación», han circulado en las redes.

Cierto es que Olga ha medido mucho sus palabras. Es probable que su actitud beneficie a su imagen, tan vilipendiada durante la emisión del documental. Pero quizás ha medido demasiado. ¿Se ha quedado corta? Podría haber contado mucho más, no cabe duda. Y podría haber metido el dedo en la llaga si lo hubiese deseado. Ha preferido no cruzar límites que en el futuro le provoquen quebraderos de cabeza en los tribunales. Que son 25 años de guerras y sabe muy bien con quién se la juega… Todo se entiende, pero a muchos de los que nos hemos sentado frente al televisor para verla en acción nos hemos quedado con ganas de más. Nos ha sabido a poco, Olga.

En ‘Ahora, Olga’ no hemos visto a una leona peleando con uñas y dientes contra contra un depredador que la ataca. Tampoco hemos presenciado grandes reproches. Hemos sido testigos de las declaraciones de una mujer que ha procurado no romperse, -aunque ha sido inevitable-, y que ha basado su tibio testimonio en el amor que le ha dado a los hijos de su pareja. «Esos niños han necesitado mucho cariño. Yo los he llevado al médico, he tenido tutorías y he estado siempre con esos niños. No me voy a poner una medallita porque lo haría cualquiera», decía. «Quiero a esos niños. ¿Es algo malo?». Mucho amor, poco rencor. Olga ha demostrado que con palabras a veces vagas y un tono moderado también se pueden ganar batallas. En su gran noche, a pesar de los frenos y límites que se ha puesto a sí misma, ha dado un paso al frente. Pequeño y tímido, pero ha avanzado. No está dispuesta a que le coman el terreno. Y, aunque de un modo más ligero del que hubiéramos deseado, ha dejado constancia de ello.