Lola, la popular concursante de realities, ha narrado duros episodios que no puede explicar sin englobarlos como «paranormales». Tanto ella como su familia han sufrido la presencia de fantasmas


El más allá es atractivo, a la par que temido. Lo que sucede después de la muerte sigue siendo un misterio, aunque sean muchos los que aseguran tener certeza de que hay vida al otro lado. Ahora que se acerca Halloween, la noche más terrorífica del año, parece que nos sentimos atraídos por conocer historias de fantasmas como los que nos trae Lola, la polémica concursante de ‘La isla de las tentaciones’ y ‘Supervivientes’. A sus 25 años, la joven asegura haber sido testigo de sucesos paranormales para los que no hay una explicación racional y lo plasma en un vídeo en su canal de Mtmad en el que trata con vehemencia una cuestión que no a todos convence. Pese al escepticismo, ella asegura que su familia ha experimentado numerosos sucesos y no duda en compartirlos con sus fans.

“Mi tía y yo nos contamos las cosas que nos pasan. Hay gente que cree y gente que no, pero esta señora, Chantal, acertó la enfermedad de mi madre, las veces que la iban a operar, acertó que mi abuela no llegaría a 2010 y falleció en diciembre de 2009… y otras cosas más personales”, asegura Lola, antes de comenzar a narrar algunas de las historias más inquietantes que le ha sucedido a ella y también a su familia en los últimos años y que le hace tener la certeza de que hay fuerzas invisibles que no sabe cómo explicar y que tan solo podrían englobarse bajo el término de “paranormal”.

Lola sucesos paranormales
Foto: Mtmad

Lola comienza relatando cómo cuando era pequeña y se iba a dormir, podía vislumbrar formas a su alrededor, incluso cuando la luz brillaba por su ausencia: “En la oscuridad puedes ver como puntitos o destellos, pues eso yo lo veía como con formas de personas. No tenían rostro, pero estaban siempre alrededor de mi cama. Yo les llamaba ‘la familia’. Los veía en mi casa y en cualquier sitio de noche al dormir. Para mí era lo normal”, reconoce.

Eso sí, no siempre sus encuentros fantasmales han sido tan inocentes: “Yo solía echarme la siesta en la cama de mis padres y un día me dormí con mi madre y ella se despertó a hacer sus cosas mientras yo me quedé en la cama. Cuando abrí los ojos vi una figura negra con forma de mujer a los pies de la cama. Yo pensé que era mi madre y aunque le pregunté ‘¿qué haces ahí?’, no me respondió. En aquel momento yo no pensé que fuera un fantasma, ni mucho menos. Pensé que era mi madre, que me miraba mientras dormía. Cuando se lo conté, ella me dijo que no había sido ella, pero al insistir, me dijo que sí. Yo creo que me vio la cara asustada y para que no me acojonase me dio la razón, pero ella también puso cara de sorprendida cuando se lo conté”, recuerda.

No todas las experiencias paranormales de Lola tienen como escenario su cama y es que también ha narrado lo que sucedió una noche en una parroquia de Madrid. Fue con unas amigas a pasar la noche en la parroquia y terminaron discutiendo: “Yo encontré unas botas de tacón y me las quería poner para disfrazarme. Entonces tuvimos la típica pelea de niñas, porque Kelly también se las quería poner. Entonces ella salió corriendo con una bota y yo detrás con la otra, cuando por el pasillo empezamos a escuchar un ruido intermitente que se iba acercando. Ni ella ni yo hemos podido nunca reproducirlo. Era muy siniestro y siempre lo he descrito como de ultratumba. Las dos éramos unas crías y nos escondimos llorando debajo de una cama. La voz se iba acercando cada vez más, pero no pasó del umbral de la puerta, e igual que escuchamos que se acercaba, escuchamos que se alejaba. Al rato escuchamos a nuestras hermanas y la otra amiga cómo venían hablando por el pasillo preguntando por nosotras y, cuando nos vieron llorando, les contamos lo que había pasado. Nunca nos creyeron, pero nos vieron con la cara descompuesta”, mantiene.

Pero hay más, Lola también ha querido compartir cómo su abuela se le presentó tras haberla enterrado. Era adolescente y había caído en el vicio secreto de fumar. Tras el entierro, se escondió para calmar sus nervios con un cigarrillo: “Era la tontería de adolescente rebelde. Me senté para fumar y noté a mi abuela a mi lado. Fue tan fuerte su presencia, como diciendo ‘no hagas eso’ que tiré el cigarro, porque noté que estaba ahí”. Al ser su abuela, el susto se quedó ahí, pero no siempre se ha sentido segura ante esta presencia fantasmal: “Tuve una época que duró bastante en la que yo notaba de vez en cuando como que alguien me acariciaba la nuca, y solo me pasaba cuando estaba sola”. No todos la creen, algunos aprovechan cada detalle para desmontar su testimonio, pero ella cree fielmente en que lo narrado es cierto.