La Reina Sofía se ha convertido en la mejor representante de la realeza española en todo tipo de eventos familiares. En este caso, viajó hasta Belgrado, capital de Serbia, para asistir a la boda del príncipe Felipe de Serbia, hijo del príncipe Alejandro y de María da Gloria de Orléans-Braganza y Borbón Dos Sicilias, que es prima hermana del Rey, sobrina de doña María de las Mercedes. La Reina emérita es, además, una de las madrinas del joven, con lo que no podía perderse un día tan importante para él. 

Felipe y Danica, en un momento de la ceremonia religiosa.

Felipe de Serbia y Danica Marinkov se dieron el «sí, quiero» en una tradicional ceremonia religiosa, que tuvo lugar en la catedral de San Miguel de Belgrado, a la que acudieron unos 300 invitados, entre los que se encontraban miembros de diversas Casas Reales europeas. Además de la reina Sofía, también se pudo ver al la princesa Victoria de Suecia. 

Justo en estos días, la agenda oficial de los Reyes Felipe y Letizia está prácticamente suspendida debido a los acontecimientos en Cataluña. El próximo 12 de octubre está previsto que la retomen, junto a sus dos hijas, para conmemorar la Fiesta Nacional. 

Los recién casados, con sus padres y algunos reales invitados, como la Reina Sofía y Victoria de Suecia.

Los recién casados culminaba una bonita historia de amor que comenzó cuando les presentaron en una cena organizada por la Corte de Belgrado. Ambos residen en Londres, donde él trabaja en el sector financiero y ella como diseñadora gráfica, dedicada al arte y al diseño. Serbios los dos de nacimiento, quisieron celebrar su matrimonio en su tierra natal y rodeados de los suyos, aunque continuarán viviendo en la capital británica. 

Los novios fueron recibidos por una lluvia de pétalos de rosas a su salida del templo, para a continuación subirse en un carruaje descubierto rumbo al Palacio Blanco, residencia oficial de la familia, donde tuvo lugar el banquete. Hubo baile nupcial, brindis familiar, lanzamiento del ramo y, por supuesto, el corte de la tarta como símbolo de fortuna. Aunque la Familia Real de Serbia está en el exilio (de hecho, el príncipe Alejandro vivió muchos años en España), fue una ocasión muy señalada en el país y celebrada como una auténtica boda real. La última propiamente dicha se remonta a 1922 con el rey Alejandro I y María de Rumanía. 

Los novios, felices cortando la tarta nupcial.