Desde el primer momento de su llegada a la realeza, la figura de Letizia siempre ha suscitado un enorme interés. De ella se ha dicho y contado casi todo, desde sus orígenes en Oviedo, sus estudios y primeros pasos laborales hasta su ascenso al trono como consorte de Felipe VI. Ahora acaba de publicarse un nuevo libro sobre ella. Se titula La reina impaciente (Debate) y lo firma el periodista argentino Leonardo Faccio, quien repasa su biografía y cuenta con los testimonios de personas allegadas a su persona, tanto en el pasado como en el presente. Entre ellos se encuentran su padre, Jesús Ortiz; su tía paterna, Hernar Ortiz; amigas como la periodista Sonsoles Ónega; la cosmetóloga Carmen Navarro; e incluso su exmarido, Alonso Guerrero, descubriendo, por ejemplo, que ambos continúan en contacto.

Esta es la parte más interesante de este trabajo, que por otro lado no aporta nada demasiado novedoso a lo que se ha venido comentando a lo largo de los 16 años que Doña Letizia lleva entre los Borbones. Se trata de una biografía, si no autorizada, al menos sí consentida o conocida por la protagonista. El autor, que la ha preparado durante siete años, cita en sus páginas algunos de los encuentros en los que coincidió con la Princesa y luego Reina. Siempre en actos oficiales de agenda, pues la Reina nunca ha concedido una entrevista en profundidad para este tipo de trabajo.

Letizia sabía que estaba escribiendo sobre ella y un día, en la inauguración de una exposición sobre Santa Teresa en la Biblioteca Nacional (en marzo de 2015) hasta le presentó al Rey Felipe comentándole este punto: «Escribirá todo bien sobre nosotros», pone Faccio. Es más, la Reina le preguntó si, una vez terminado, les enviaría su libro. «Te leeremos», concluyó.

A través de las palabras de todas estas personas ahondamos un poco más en el perfil de la Reina, con sus luces y sus sombras.

1La protagonista

Doña Letizia es la protagonista absoluta de un trabajo en el que se hace un repaso de su biografía esencial, valorando su carácter firme y vehemente desde niña, su pasión por el Periodismo y la acción, sus ganas de aprender… pero también cierta inseguridad y necesidad de controlar que hace que su imagen a veces no se perciba como cercana.

2La reina impaciente

El periodista argentino Leonardo Faccio (1971) ha invertido siete años de trabajo recopilando la información y recabando datos a través de unas 100 entrevistas con personas que la conocen, o han conocido. Lo glosa en tres grandes capítulos, con subcapítulos, con títulos como «El deseo de ser otra», «La obligación de fascinar»  y «La voluntad de no sonreír».

3El testimonio de su padre, Jesús Ortiz

Uno de los testimonios más importantes es el del padre de la Reina, Jesús Ortiz, que trabaja en una agencia de comunicación y compartió largas conversaciones con el periodista. Según él, educó a sus tres hijas con gran libertad: «Yo creo que la apertura de miras es un espíritu de supervivencia».

4Su abuela, Menchu Álvarez del Valle

La abuela materna aparece como una figura fundamental en la vida de Letizia, en tanto que locutora de radio y una mujer emancipada y moderna para su época. Gran inspiración para la Reina, su nieta mayor y «favorita», junto a ella comenzó a dar sus primeros pasos como periodista. Ahora vive tranquilamente retirada en su casa de Sardéu (Asturias).

5Su tía, Henar Ortiz

Las declaraciones más contundentes son las de la tía paterna de la Reina. Reconoce que no se habla con su sobrina desde hace años, tras la entrevista que concedió criticando la monarquía («fue tajante», dice). Las críticas han hecho que se distancie también de su hermano y de su madre… «No pregunta, interroga. Si quieres estar bien con ella, no discutas», señala Henar sobre Doña Letizia.

6Con su exmarido, Alonso Guerrero, queda a tomar café

Alonso Guerrero fue el profesor de Literatura de Letizia en su instituto de Madrid. Ambos se enamoraron (ella tenía 17 años y él 27). Luego se casaron, pero su matrimonio apenas duró un año. La posterior boda de Letizia con Don Felipe le puso ante los medios, lo que, dado su carácter ultradiscreto, no llevó bien. El también escritor publicó el libro «El amor de Penny Robinson» inspirado en su historia. Lo que no conocíamos es que siguen teniendo relación.

7"Es una buena amiga"

En este libro Alonso Guerrero aclara que de vez en cuando quedan a tomar café en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, donde reside con su esposa. «Yo no diría que soy su ancla, pero sí alguien sólido al que puede volver, porque yo no he cambiado. Ella siempre me escuchó. Ahora es una buena amiga».

8Alfredo Urdaci, su jefe en TVE: "Es una figura hierática"

El periodista Alfredo Urdaci, quien fuera su jefe y último compañero como presentador del Telediario de la noche en Televisión Española, añade: «Yo la fiché por su espontaneidad, pero eso lo ha perdido. Ya no es la Letizia que yo conocí. Es una figura contenida, seria, grave e hierática».

9Su amiga Sonsoles Ónega: "No hablo de ella"

La periodista de Telecinco es una de sus mejores amigas desde sus tiempos como profesional. Y sigue guardando su fidelidad y discreción, esenciales para mantener su amistad: «No hablo de ella. Prefiero poner ahí una frontera y no pasarla. Es una norma que me he impuesto y además coincide con mi forma de pensar».

10Su primo, David Rocasolano: "Quería tenerlo todo controlado"

David Rocasolano, primo de Letizia, es el más crítico con la Reina. Fue su abogado durante una década, pero en 2010 dejaron de tratarse. En 2013 publicó un controvertido libro, «Adiós, princesa». En este nuevo trabajo ofrece declaraciones sin cortarse y le reprocha, sobre todo, que emparentar con la realeza diera un vuelco a la vida de toda su familia. «Mi prima se puso paranoica. Quería tenerlo todo controlado. Era insoportable. Para mí ya no es mi prima; me es indiferente».

11Su cosmetóloga, Carmen Navarro

La reconocida esteticista Carmen Navarro se ocupó de la piel de Letizia en sus primeros años como princesa. A su clínica acudía los jueves a hacerse diversos tratamientos, siempre con gran discreción, mientras se aposentaba en una salita presidida por la figura de un Buda: «Le aconsejé rellenarse la cara», cita el autor. Después dejó de visitar su salón.