Kate Middleton reaparece con un conjunto de chaqueta y falda de aire vintage, con el que anima su clásico armario.


Kate Middleton ha vuelto. ¡Y cómo! Todas las semanas acude a unos cuantos compromisos, aunque el último ha sido especialmente llamativo porque lo asumía muy bien acompañada por la princesa Ana, hija de la reina Isabel. Esta era la primera vez que ambas compartían un acto oficial y eligieron la inauguración de un nuevo centro dedicado a la maternidad y la ginecología en Londres.

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Como siempre, la esposa del príncipe Guillermo apareció impecable… aunque algo distinta. A primera vista su estilo había experimentado un ligero cambio. Y por supuesto a mejor. A Kate casi nunca se le puede poner un «pero», pero también es verdad que últimamente tenía puesto un poco el piloto automático, repitiendo prendas y conceptos sin cesar, llegando a resultar algo aburrida, sí, también de tanta perfección.

Nos referimos a sus vestidos abrigo de Alexander McQueen (sin ir más lejos, el diseño blanco que lució en Westminster hace unos días) o el azul que llevó a la Misa de Pascua.

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En esta ocasión, Kate Middleton nos regaló un look más novedoso. Era un conjunto beige de la marca Self-Portrait, que se componía de una chaqueta ajustada con bordados en el costado y ceñida con un cinturón y una falda midi de línea trapecio. A esto añadió unos altísimos salones y una cartera de mano, de Emmy London, todo en el mismo tono nude.

Un estilismo que respeta la imagen clásica de la duquesa de Cambridge, pero que también rompe un poco sus costumbres en cierto modo.

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En el capítulo de joyas eligió unas elegantes perlas, piezas a las que últimamente es muy aficionada. Hace unos días recuperaba los pendientes de perlas Collingwood, que pertenecieron a su suegra, Diana de Gales. Esta vez lucía otros algo más pequeños, de la firma Kiki McDonough, combinados con una cadena de la que pendía una perla con forma de pera.

Por último, Kate Middleton llevaba su melena suelta y lisa, peinada con raya al lado. Es de notar que se lo está dejando bastante largo y apostando por un color castaño rojizo. La duquesa resplandecía y no perdía la sonrisa, y más cuando recibió flores de manos de unas niñas pequeñas.