El actor, que interpreta a Bogotá en la quinta temporada de ‘La casa de papel’, ha hablado por primera vez de sus adicciones.


Este martes, Hovik Keuchkerian ha visitado el plató de ‘El Hormiguero‘ para hablar de la esperadísima quinta y última entrega de la serie ‘La casa de papel’, donde interpreta a Bogotá. En su entrevista con Pablo Motos, el actor (y exboxeador) ha hablado de su historia de superación. Tras muchos años de excesos, ha decidido dejar atrás el alcohol.

«Cuando dejé de pelear me fui al otro lado»

«Allá por enero de 2005, cuando dejé de pelear me fui al otro lado. Por cosas personales mías, por la vida de cada uno. Hasta los 32 años no es que quisiera que mi cuerpo fuera un templo, pero no bebía nada, no fumaba, estaba entrenando, estaba con mi gimnasio y mis cosas. Pero dejé de boxear», ha relatado. «La putada de cuando dejas de perseguir un sueño es que a la mañana siguiente tienes una oquedad absoluta. El día es muy largo, no sabes qué hacer».

«Me acuerdo que un sparring que tenía mexicano, magnífico tipo, que se llamaba Benjamín García Feregrino. Me echaron de un campeonato de España, estaba sin fuelle y no tenía ganas de seguir. Y me dijo: ‘Hermano, en México los hombres mojamos las penas con tequila. ¡Para qué queremos más! He parado el 10 de mayo pasado».

Hovik keuchkerian
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El intérprete ha relatado que su relación con la bebida nada tiene que ver con el oficio de actor. «No es por la profesión esta, ni mucho menos», ha aclarado. «Me metí en un bucle de curro. Afortunadamente tenía trabajo, empecé a hacer monólogos, todo fue para arriba, me llamaron para ‘Hispania’. Me enamoré de esta profesión». Lo que lo llevó al declive fue no tener una hoja de ruta: «Perdí la pasión y cuando pierdo la pasión por algo tiene fecha de caducidad. No me engaño: se va a acabar. Tuve dos o tres años que iba sin rumbo y los monólogos me devolvieron ese foco. Me enamoré del escenario».

«El alcohol es la puerta de pensar solo en ti, de aislarte»

En su entrevista en ‘El Hormiguero’, Hovik Keuchkerian ha contado que el boxeo lo enseñó a entrenar, a mantenerse. Sin embargo, dejar el deporte y perder de manera clara las metas en la vida lo llevó a perderse. «Ha sido una montaña rusa en muchos años en los que el alcohol es la puerta. El alcohol es la puerta de pensar solo en ti, de aislarte en tu casa, de apartarte de la gente y te salva estar metido en una rueda a nivel profesional. Pero no es lo mismo estar en un set de rodaje deseando al 100% deseando hacer lo que tienes que hacer que estar en un set de rodaje y a la una de la tarde estar deseando que den las seis para irte a tu casa, abrirte un whisky y acostarte a las once y media o a las doce mamado», ha detallado.

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La persona que lo ayudó a salir del atolladero fue su madre. «Yo no tenía el problema con gente. Se dice ‘Qué triste es beber solo’. A mí beber solo me flipaba, me flipa. Meterme en mi mundo, en mi minicasita, en mi rollo. Te acabas alienando», decía. «Lo que pasó el 6 de mayo es que mi señora madre me llamó por teléfono y me llevó al rincón del ring y me tiró todo. Mi madre era Joe Frasier por teléfono. Hacía años que no hablaba. Me cogió y me dijo: ‘Estás gordo, estás tóxico, estás feo, andas encorvado. Eres un trozo de mierda. No te lo voy a decir más. Haz lo que quieras, hijo. Cuando tu madre te dice eso dentro de mí pasó algo. Estaba tirado en mi cama en casa y me revolvió. Y pensé que el día que la vieja no esté, que espero que sea dentro de mucho tiempo, no quiero que deje un trozo de mierda. Al hablar le resultaba imposible no emocionarse. Y en el plató reinaba un silencio sepulcral: todos prestaban atención a su sincero y valiente relato.

«He estado mucho tiempo machacándome»

No cabe duda de que el testimonio de Keuchkerian podría ayudar a quien se encuentre en una situación similar. Por suerte, ha dado un golpe sobre la mesa y ha dicho ‘basta’: «Ha sido suficiente. He estado mucho tiempo machacándome, sin ser bueno para mucha gente que se cruzaba conmigo. Y ya está bien. Por primera vez en muchos años he conseguido dar el giro».

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Ese cambio que ha necesitado Keuchkerian para reconducir su vida ha implicado decir que no a varios proyectos profesionales. «Tenía claro antes de terminar ‘La casa de papel’ que no iba a coger proyecto, que iba a parar», ha sentenciado. «He dicho que no a los proyectos porque mi proyecto era yo. Estaba empezando ir a trabajar por ir a trabajar. Y no quiero eso. Ya con 38 años se me ha cruzado por el camino y me ha hecho este regalo y no quiero hacerlo por hacerlo. Quiero hacerme preguntas, preparando mis personajes, yendo desnudo, yendo al filo del barranco. Como un combate: quiero ir a morir y a matar. Y eso no lo puedo hacer si mi estructura, mi cuadrante, mi cuerpo y mi emoción no está limpia y no está en un estado de semipureza».

«Me estoy reencontrando»

Aunque solo lleva cuatro meses recuperándose, se siente bien. «En esto estoy. Me estoy limpiando. Estoy durmiendo muy bien. Estoy entrenando muy bien. Veo a la gente la reacción que tiene cuando me ve. Me estoy reencontrando. Me he puesto un año. Dentro de un año estaré perfectamente preparado para la guerra», ha subrayado. En su proceso de sanación ha pasado de fumar varias cajetillas de tabaco diarias a «uno o dos al día». También «ha perdido 30 kilos». Y lo más importante: ha ganado esperanza y tranquilidad: «Estaba tan abajo del todo que dije: ‘O es ahora o no es nunca’. En mi vida siempre que he cerrado una puerta, la vida te pega un ostión. Se abren tres, pero somos unos borregos y no sabemos leer la vida. Cierras una puerta y se te abren tres. Sé que trabajo vendrá y estoy muy tranquilo».