Si pensamos en fiesta y glamour siempre volvemos la mirada al Principado de Mónaco. Este pequeño enclave del Mediterráneo ha sido desde la mitad de la década de los 50, cuando la entonces actriz Grace Kelly contrajo matrimonio con el príncipe Rainiero, el lugar royal más chic del planeta. Ahora es la hija mayor de la pareja, Carolina de Mónaco, y su descendencia quienes siguen manteniendo esa imagen del Principado. Precisamente el Baile de la Rosa se ha convertido en el gran evento que mejor ejemplifica ese espíritu, donde millonarios, celebrities y la Familia Real monegasca se dan la mano.

Después de dos años sin poder celebrarse por la pandemia, el Baile de la Rosa ha regresado a la Salle des Etoiles del Sporting Club de Montecarlo. Aunque lo ha hecho con un cambio de fecha, ya que desde su creación en 1954 tiene lugar el 19 de marzo, coincidiendo con el inicio de la primavera, pero en esta nueva edición ha pasado al 8 de julio para una mayor seguridad sanitaria. La cita sirve para recaudar fondos para la Fundación Princesa Grace, que la propia princesa creo en 1962 con fines solidarios y que desde la muerte de su madre preside la Princesa de Hannover. Y precisamente Carolina ha vuelto a reinar con su estilo y elegancia. Y lo hizo con un look sobrio y a la vez perfecto para su papel de anfitriona.

Carolina de Mónaco preside el Baile de la Rosa, el gran evento social del Principado

Tras la muerte de Karl Lagerfeld, que se encargaba de la dirección artística de la gala, el también diseñador Christian Louboutin ha tomado el relevo. Esta edición del Baile de la Rosa está dedicado a «Años 20, el regreso», y hemos podido ver a la familia monegasca, encabezada por la propia Carolina de Mónaco, deslumbrar como ellos solo saben hacerlo con unos looks inspirados en esa temática.

La princesa monegasca estuvo rodeada por sus cuatro hijos y fue la pequeña de todos la que se convirtió en el centro de atención. Alexandra de Hannover posó por primera vez en esta importante cita junto a su novio, Ben-Sylvester Strautmann, y sorprendió con un espectacular vestido de tul de Giambattista Valli, con los colores de la bandera de Mónaco: el rojo y el blanco. Una creación que nos recordó mucho al vestido rojo que en este mismo Baile de la Rosa llevó su cuñada Beatrice Borromeo, en 2016.

Carlota Casiraghi fue fiel a Chanel luciendo un delicado conjunto en tono empolvado de top de tirantes con lazo negro y falda con pedrería, y su melena recogido en un falso bob, que encarnaba a la perfección el espíritu del evento. En cuanto a las parejas de Andrea y Pierre, la mujer del primero, Tatiana Santo Domingo llevó un vestido dorado, de Temperley London, y la del segundo, Beatrice Borromeo, un diseño gris estampado de flores con una pequeña cola, sin mangas y de cuello alto, que marcaba su figura.