Rocío Carrasco se casa esta primavera (aunque no hay confirmación oficial: advierto) y me pregunto cómo va a hacer la lista de bodas: no se habla con casi nadie de su familia.

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Rocío Carrasco apenas se prodiga en actos sociales y cuando lo hace cuesta arrancarle algo más que un monosílabo o ‘todo está bien’.

Rocío Carrasco es una mujer hermética, muda, vive en una especie de retiro como los de Concha Piquer o Greta Garbo, que se quitaron de en medio cuando veían que el declive estaba al doblar la esquina. Va a eventos muy contados y no suelta prenda. La ponen el trapo y no la torea ni José Tomas. ¿Qué hay detrás de este silencio? Ya me gustaría a mí saberlo, pero ni estoy debajo de la cama ni soy experto en lenguaje corporal ni tampoco sé leer los labios… Aunque una opinión sí que tengo.

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Desde que nació, Rocío Carrasco ya era famosa, como lo eran sus padres, Rocío Carrasco y Rocío Jurado.

Rocío Carrasco creció bajo los focos de la prensa y en su juventud dio titulares muy jugosos, porque hizo de su vida lo que le salió de la peineta, pero llegó un día en que decidió replegar las alas al viento a las que cantaba su madre y se encerró a cal y canto con Fidel, un hombre sin un físico para desatar pasiones locas (ahora se ha quedado delgadísimo y ha cambiado de look) y sobre cuyas actividades profesionales poco sabemos. Ya se sabe que dos que se acuestan en el mismo colchón suelen ser de la misma condición. La suya: el silencio.

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En la presentación del sello de su madre, José Ortega Cano estuvo sentado en segunda fila, por detrás de Rocío y María Teresa Campos, que acudió con Bigote Arrocet.

Esta ‘prisión voluntaria’ dura ya demasiado y apenas tiene portavoces. Las Campos, grandes amigas suyas, dan la cara por ella, pero su amistad depende de esa discreción, así que ellas tampoco nos ayudan a comprender qué ha llevado a Rocío Carrasco a llevarse fatal con casi toda su familia y a mantener una vida más monjil que la de Tamara Falcó desde que descubrió la importancia de fe al comprarse una Biblia con ilustraciones, según ella misma contó.

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Fidel Albiac siempre se ha mostrado en segundo plano en la vida de Rocío Carrasco y su madre, Rocío Jurado, con quienes le vemos en El Rocío.

Rocío Carrasco está aparentemente muy sola (igual monta unas fiestas espectaculares en su casa, pero lo ignoramos), su hija se ha decantado por Antonio David, y sus hermanos, especialmente Gloria Camila, sacan la zarpa cuando se la menciona. Su tío Amador Mohedano, como habéis podido leer en una sensacional entrevista en SEMANA, no disimula su rencor ni por el qué dirán, y la familia de su padre, Pedro Carrasco, más prudente, se ha limitado a decir que la relación no es muy estrecha.

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Con su padre, Pedro Carrasco, y su viuda, Raquel Mosquera, con quien tampoco mantiene relación en la actualidad.

¿Pero qué pasa? ¿Qué invento es esto? ¿Es tan mala Rocío Carrasco? ¿Es más rencorosa que los personajes de ‘Bodas de sangre’? Rocío Carrasco es un enigma, indescifrable y, aunque decimos en el titular que (casi) nadie la quiere, estamos convencidos de que tiene un círculo de personas que la adoran y que disfrutarán de sus virtudes, que seguro que las tiene y muchas, pero la imagen pública que proyecta no es esa. Es la de una mujer en guerra que no responde a los ataques de los suyos y que hace el desprecio de no hacer aprecio.

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Tras la muerte de su madre, su relación con su tío, Amador Mohedano, cambió por completo.

Rocío Carrasco ha tenido una vida muy dura, ha perdido de forma prematura a sus padres, estuvo a punto de morir en un accidente de tráfico y la sombra de sus progenitores, en especial de la más grande, es alargada. En Fidel parece haber encontrado la paz que todos deseamos y una familia de miembros reducida en la que la mayor parte de los que llevan sus apellidos no son admitidos. ¿El motivo? Solo ellos lo saben, porque la verdad no tiene un solo camino, sino muchos.

De momento el puzzle es muy incompleto y mientras no se decida a contarse a ella misma nos faltarán piezas. Desde aquí animamos a Rocío Carrasco a que se deje llevar y nos ponemos a su disposición. Para eso estamos…