La presentadora ha regresado a Mallorca como ya lo hizo en su día cuando murió su único hijo, Álex Lequio.


Tras vivir la época más difícil de su vida, Ana Obregón busca refugio en Mallorca. La actriz y presentadora regresaba a principios de esta semana a la casa familiar situada en el municipio de Son Servera. Se trata del primer viaje que realiza desde que el pasado 22 de mayo dijera adiós a su madre, doña Ana Obregón Navarro.

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Está viviendo unos días de desconexión acompañada por su padre, Antonio Obregón, y su hermana, Amalia, tal y como publica ‘Última Hora’. En la Costa de los Pinos, donde está situada la residencia, está intentando pasar desapercibida y así la veíamos en estas imágenes donde aparece con un ‘look’ deportivo en negro compuesto por ‘leggings’, camiseta de tirantes y zapatillas. Además, portaba una gorra y la obligatoria mascarilla.

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En esta época especialmente complicada para la intérprete se está refugiando en la familia, también en la lectura y la meditación. Estos, junto a la naturaleza, han sido sus principales aliados desde que el 13 de mayo de 2020 dijera adiós a Álex Lequio. Precisamente ha regresado a Mallorca como ya lo hizo en su día cuando murió su hijo. Un lugar al que siempre vuelve y que ha sido escenario de grandes momentos familiares.

Los amores de su vida

Alessandro Lequio, que se ha convertido en un gran apoyo durante todo este tiempo, revelaba que Ana estaba «mal». Cuando murió su progenitora, la presentadora se dejó ver abatida y compartió este sobrecogedor mensaje a través de sus redes: «Ahora los dos amores de mi vida están juntos para siempre. Mamá cuida mucho de mi niño hasta que yo llegue que espero sea pronto, y dile que le quiero más que a mi vida. Os amo desde siempre y para siempre».

Instagram

Sus últimas publicaciones a través de su perfil de Instagram, donde acostumbra a hacer partícipes a sus seguidores del momento que atraviesa junto a profundas reflexiones, están dedicadas a las grandes ausencias de su vida. En su último ‘post’ aseguraba haberse despertado pensando que los últimos tres años, los más duros sin lugar a dudas, habían sido una auténtica «pesadilla».

Su mensaje conmovía y continuaba de la siguiente manera: «Respiré profundamente llena de felicidad. Agradecí al Universo de corazón por la suerte de hijo, padres, familia y amigos que tenia. Esperé como siempre en mi cuarto tus buenos días dibujados en la sonrisa más bonita del mundo, lleno de salud y genialidad. Tenía infinitas ganas de achucharte por la maldita pesadilla que había tenido. Esperé la llamada de mi madre para ver si iba a comer con ellos como solía hacer casi todos los días cuando no trabajaba. Esperé… La realidad me pegó una bofetada. Me gustaría soñar esta noche que os tengo cogidos de la mano y no despertar nunca».