Tengo que admitirlo: Tamara Falcó es un personaje que me fascina. Me re-que-te-chi-fla.

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Tamara Falcó es muy reclamada por distintas firmas para ser imagen suya.

Tamara Falcó es una chica muy educada, simpática y espontánea. No es neurocirujana ni lo pretende y es consciente de sus limitaciones, que convierte en virtud. La hija de Isabel Preysler y Carlos Falcó no deja indiferente y eso es lo mejor que le puede pasar a alguien que es, ante todo, ‘celebrity’.

Tamara Falcó ha heredado de su madre la capacidad para tener una buena imagen de marca. O lo que es lo mismo, conseguir que te reclamen las fimras para promocionarlas a cambio de cachés que ya les gustarían a muchos con profesiones más definidas. La contratan porque saben que va a dar que hablar, porque es más que seguro que tendrá alguna una ocurrencia que se viralizará, o, más improbable, desvelará algún ‘secretillo’ familiar.

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Tamara, con Celine, la mascota que su madre ha regalado a Vargas Llosa.

Isabel Preysler dijo en el ‘Hormiguero’ que Tamara era la alegría de la casa, que sus hermanos se partían de risa con ella. No me extraña porque podría enumerar una docena de anécdotas suyas, pero no lo voy a hacer para no aburrir al personal, que me provocan carcajadas (me río con ella, aclaro, no de ella). Tamara es para verla, no para contarla.

La más guapa de las hijas de Isabel Preysler, a mi juicio, y también la más estilosa, no le tiene miedo a las plumas más incisivas ni al directo televisivo, tiene su discurso vital muy interiorizado y jamás nadie la va a pillar en un renuncio, porque tiene sentido común y la listeza de los que han aprendido a lidiar con la prensa desde la cuna.

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Es la heredera natural del lugar social de su madre, Isabel Preysler.

Tamara Falcó es un personaje que no necesita autor, aunque estoy seguro de que su madre controla al milímetro cada uno de sus pasos porque, de alguna forma, es su heredera mediática. Su hermana Ana es más seria, menos espontánea y, quizás, menos empática.

Conozco a mucha gente que estaría encantada de ser amiga de Tamara Falcó, porque te lo debes de pasar pipa con ella. Irte de picnic al retiro, jugar al tenis, como su futuro cuñado Fernando Verdasco, o intercambiar libros. Porque, aunque a algunos les cueste creerlo, Tamara lee, como ella misma ha mostrado en su perfil de Instagram, que es una fuente inagotable de aspiración.

Otra virtud que vislumbro en la hermana de Enrique Iglesias es la bondad. Una cualidad que no creo haya descubierto en la religión que ahora con tanta devoción profesa sino que es intrínseca a su personalidad. No me imagino a Tamara haciendo una faena a nadie, robándole el novio a una amiga o dando una mala contestación al servicio.

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Tamara, leyendo en un momento de relax.

Mientras su madre, Isabel Preyser sigue siendo ‘la más grande’ en lo suyo, algo indefinible, porque ni escribe como su novio, ni canta, ni baila, pero no se la pierdan… Las fiestas no empiezan hasta que no llega ‘la presley’ y los Goya el año que viene sin ella no van a ser lo mismo.

Espero que tengamos Tamara para rato y desde aquí sugiero a los directores de los medios que tengan siempre preparado un espacio para ella, porque lo vale.

Yo mismo, sueño con su boda, un acontecimiento que ahora se me antoja lejano, y verla formar una familia como su hermana Chabeli, quien, desde fuera, parece una de las mujeres más felices del planeta. Sin preocuparse por su silueta, convertida en una ama de casa americana y sin renegar de sus orígenes, rezuma seguridad en sí misma y tranquilidad.

Tamara, permíteme este cliché para terminar: ¡gracias por existir!