El artículo es sobre Gustavo González, así que no os asustéis por el siguiente párrafo, que no estáis leyendo Babelia ni el suplemento cultural del ABC…

En las novelas del siglo XIX, las mujeres que eran infieles a sus maridos acababan pagándolo con la muerte. Si no las habéis leído, os están esperando ‘Madame Bovary’ o ‘Anna Karerina’, para ilustraros en toda la extensión de la palabra. En el siglo XX, las cosas cambiaron mucho y en Occidente, conforme avanzaban las épocas, se era mucho menos duro con las féminas, que se fueron quitando muchos corsés, sobre todo emocionales. Para eso lucharon las feministas todo lo que lucharon y en ello siguen. Ya en el XXI, podemos decir, haciendo sociología barata, que estamos en un ‘fifty fifty’, hombres y mujeres se comportan con cánones similares.

Gustavo González está viviendo el momento mediático y personal más delicado de su vida.

Toda esta erudición de baratillo para llegar al lío… Gustavo González. Resulta que ha tenido una relación paralela con María Lapiedra durante ocho años y se ha abierto en canal después de que haya trascendido que se ha separado. La actriz porno ya lo había aireado hacía unos años, pero los compañeros del colaborador de ‘Sálvame’, en un ejercicio de cinismo, la desacreditaron, sabedores todos de que era cierto.

Ayer entrevisté por teléfono a María Lapiedra y, muy maja la chica y todo, había que sacarle las palabras con cucharadas y los silencios decían más que sus monosílabos. Quizás porque se está reservando para el Deluxe de mañana. No sé si seguirá con su marido o no, pero era mencionárselo y no tener el más mínimo interés en hablar sobre él. Me dio la sensación de quien ella sigue pillada es de Gustavo, por frases como «Siempre lo fue (el amor de mi vida), por eso le esperé tantos años, pero al final me cansé de esperar y me casé con mi marido..»

Imagino que a cualquier marido de España o América, desde Alaska a Tierra del Fuego, no le gustaría escuchar a su mujer decir que el amor de su vida ha sido otro y que como el otro no se decidía se quedó con la opción b. Que no pasa nada, porque el segundo plato siempre es el más potente de un menú.

María Lapiedra ha estado enamoradísima de Gustavo, con quien ha mantenido una relación clandestina durante ocho años.

Gustavo ha tenido durante años una doble vida, o lo que en los tiempos de la postguerra se llamaba ‘una querida’ o en mi tierra, Castilla La Mancha, ‘una querindonga’, con la eterna promesa de dejar a su mujer para quedarse con ‘la otra’, como cantaba La Piquer: «Yo soy la otra, la otra  y a nada tengo derecho, porque no llevo un anillo, con una fecha por dentro. No tengo ley que me abone, ni puerta donde llamar, y me alimento a escondidas con tus besos y tu pan».

Gustavo siempre ha tenido cara de no romper un plato, aunque estaba destrozando vajillas, y aún le recuerdo cuando me lo cruzaba en la sede de SEMANA en el centro de Madrid cuando venía a vendernos temas de su agencia de noticias. Era una persona discreta, que no hacía un ruido, muy en la línea de su compañero, Antonio Montero, que también se separó en su momento de Marisa Martín Blázquez, pero de otra manera más elegante y discreta.

Gustavo admitió su separación y su ‘deslealtad’ anegado en lágrimas.

El reportero tiene ahora que pagar un precio muy alto por estas vidas paralelas y no me refiero a lo que se quedará su mujer porque, al parecer, están casados en régimen de gananciales. A partir de ahora su vida será desmenuzada y saldrán episodios que van a afectar mucho emocionalmente a sus colaterales. Y a él mismo, porque las lágrimas no van a ocultar la realidad. Que no la juzgo, porque hay que verse en la situación y qué haríamos nosotros cuando el deseo es más fuerte que la razón o la costumbre.

Le decía yo ayer a María Lapiedra que los hombres no suelen dejar a sus mujeres por sus amantes, a las que suelen reemplazar por otras cuando tienen pretensiones de emerger y ocupar el lugar social que se les niega. La colaboradora de ‘Cazamariposas’ me respondió que se había cansado de esperar que eso llegara y que le hubiera gustado que lo hiciera cuando eran amantes, que esa es la palabra correcta para el eufemismo tan empleado por Gustado de la deslealtad.. Eso sí, me aseguraba categórica que el reportero no estaba con nadie. Hay quienes creen que esto no es así… y apuntan a ella. Yo, hasta que no lo veo, no lo creo, aunque también tengo mi opinión…