Ana Obregón Alessandro Lequio emprendían este viernes su viaje más difícil tras la muerte de su hijo, Álex Lequio. Ambos regresaban a la capital después de permanecer un tiempo en Barcelona donde el joven recibió tratamiento en la última etapa de su vida y falleció el pasado 13 de mayo víctima del cáncer que padecía. En el hogar de la artista, situado en la urbanización de La Moraleja, se agolpaba un gran número de reporteros gráficos que captaban su llegada. El italiano se reencontraba allí con su mujer, María Palacios, una persona que seguro será uno de sus mayores apoyos para superar esta triste pérdida.

Conduciendo su propio vehículo, la periodista llegaba a la residencia de Ana en solitario y con semblante serio. Poco después, las cámaras captaban la salida del coche en el que viajaba el matrimonio que regresaba, así, de nuevo a su hogar. Tras vivir los días más aciagos de su vida, Alessandro se separaba de Ana Obregón para volver a su casa junto a su mujer con la que lleva veinte de relación, once casados. La pareja es padre de una niña, Ginevra Ena, nacida el 17 de agosto de 2016.

Tanto Alessandro como Ana han dado un auténtico ejemplo de unión, no solo tras conocerse la noticia de la triste pérdida, también en los últimos años luchando, todos a una, contra la enfermedad de su hijo. Toda la familia está completamente abatida por la pérdida de un joven que siempre demostró su valentía, tesón y vitalidad, unos valores con los que será recordado. A pesar de que esta última etapa fue complicada, eso no consiguió nunca borrar su eterna sonrisa.

Una familia rota

Su hermano, Clemente, hijo de Antonia dell’Atte, le recordaba con unas tiernas palabras: «Pocos momentos juntos, pero buenos, privados y sin compartir hasta ahora. Cuanto más miro tus fotos me pregunto cómo es posible, ¿por qué la vida puede llegar a ser tiene tan injusta? No merecías esto. Nadie merece este dolor». Recalcaba, además, su «indeleble ejemplo que ha dejado en él enfrentar la enfermedad con coraje, valentía y dignidad como un auténtico gladiador hasta el final. Te quiero. Todos te quieren Álex y créeme que jamás serás olvidado».

Álex Lequio Clemente Alessandro

Mientras que una devota Antonia dell’Atte rezaba a la Virgen de Fátima. «Y no nos abandones, sobre todo a su madre Ana y su padre Alessandro… Como plomo es el cielo ahora, cuanto Dolor y cuantas penas y sufrimientos. Dios no te abandonará nunca y te protegerá allí donde estarás.. Descansa en Paz, bellissimo Alex». Ana Obregón pronunciaba sus primeras palabras públicas vía Instagram donde publicaba una bonita imagen junto a Álex y el siguiente mensaje: «Se apagó mi vida».

Otra de las personas más importantes que ha estado al lado de Álex hasta el final ha sido su pareja, Carolina Monje. La joven se despedía a través de una emotiva carta cargada de recuerdos imborrables. «Para mí siempre habrás ganado la batalla al más fuerte y al más luchado. Nos has dado una lección de vida a todos los que te rodeábamos, por todo lo que derrochabas; fuerza, felicidad, amor, sentido del humor, carisma, inteligencia, sabiduría, saber estar, amigo de tus amigos y lo mejor de todo, es que eres y serás el mejor novio que nadie podría desear».

Mantuvieron casi dos años de relación, los «mejores» de su vida. «Doy millones de gracias a la vida y a ti por haberme brindado la oportunidad de conocerte y compartir cada instante desde entonces. Nuestros amaneceres en Vivood, los paseos en Santorini, los baños helados enLaponia y nuestros atardeceres en Es Vedra. Tengo tantísimos recuerdos juntos y todos me hacen llorar de risa o de felicidad. Nuestra manera de hablar como niños pequeños, de cuidarnos, de querernos, de amarnos incondicionalmente y apoyarnos en todo», indicaba. Concluía su mensaje señalando que sabe que siempre estará a su lado: «Te siento muy cerca y sé que siempre estaremos juntos».

La prima de Álex, Celia Vega, también dedicaba un precioso homenaje al que definía como su «alma gemela»: «Eternos 27 y eterno tú, porque tu huella ha quedado marcada para siempre en todas las personas que te conocían. Mi compañero de superación, de batallas, de aventuras, de conversaciones sobre filosofía, historia, economía, amor, dios, vida… Cómo me gustaba discutir contigo, argumentar y que nos sacáramos de nuestras casillas y de nuestras zonas de confort. De reírnos hasta llorar y de llorar juntos hasta quedarnos dormidos».