Me gusta Alessandro Lequio. Ya se lo dije una vez por aquí hace unos meses y me reitero. Se necesitan valientes, voces discordantes, ácratas en el discurso bienpensante de ciertas tertulias de televisión.

El cuñadismo, una expresión inventada hace unos años para designar a esas personas que se manejan en el lugar común, las verdades como puños y el simplismo, es algo que no va con él. Lequio va a su rollo. Elabora las ideas, se columpia si hace falta y se pasa de frenada, porque en esta vida casi nadie es irreversible. Y si uno llega demasiado lejos, para eso están los tribunales. Que, por cierto, mí no me gustaría a mí ser juez de los que se tienen que sentar frente a los que pueda atacar el colaborador de Ana Rosa Quintana o a los que le atacan, como es el caso de Olvido Hormigos. Pereza máxima.

Alessandro Lequio ha decidido llevar a los tribunales a Olvido Hormigos, quien afronta ahora una situación complicada.

Según parece, Lequio ha demandado a Olvido Hormigos por haberse convertido en un pequeño infierno para él, más en la línea de un mosquito que te estropea una noche que de un drama de abrirse las venas. La que fuera concejala de Los Yébenes, un pueblo que gracias a ella vivió un escándalo a la altura de ‘La regenta’, pero cañí, se encuentra ahora en una situación que seguramente no se esperaba.

Olvido Hormigos no se ha caracterizado por exhibir una elegancia a lo Inés de la Fressange, una retórica propia de Cristina Almeida, quien fuera colega suya de profesión, o una coherencia propia de la activista Flora Tristán, ella que revistió de machismo el numerazo de su vídeo sexual. Y aún así, tal cual están los tiempos, ha ocupado miles de horas de televisión.

Olvido Hormigos ha sido la gran defensora de Toño Sanchís en los momentos más bajos del ex-representante de Belén Esteban.

Como una Annaïs Nin de baratillo, se lanzó a la novela erótica, y se presenta a sí misma como una mujer desprejuiciada, que vive el amor libre, que busca el placer, muy en la línea de Bibiana Fernández, que ha dicho en Vanity Fair: «Yo tengo muchos placeres, soy muy viciosa. Yo creo que he nacido para el placer». Lo que pasa es que la actriz y colaboradora de Ana Rosa tiene un discurso elaborado detrás y la ex-concejala ha protagonizado momentos mediáticos nada edificantes a costa de los deseos del cuerpo.

A mí me parece bien que Olvido Hormigos viva así, es más, no puedo con los mojigatos y estoy seguro de que Lequio tampoco, su biografía lo avala, pero la que montó a propósito de su supuesto escarceo, que él niega, es impropio de una ‘señora’. Por experiencia sé que las que dicen ‘yo soy una señora’, en la acepción que todos estamos pensando, no lo son. Y lo que hizo Olvido, porque por dinero baila el mono, no tiene perdón moral y posiblemente judicial.

Creo que Olvido está muy bien ahora semi-retirada de los medios y centrada en otras cosas, porque la televisión y el dinero fácil pueden destruir si no se les da el uso adecuado. Al final, salvo que tengas un carisma excepcional, como Belén Esteban, con quien el aristócrata no comulga, tienes quince minutos de fama y acabas siendo un ‘has been’.

A Olvido solo le deseo que le vaya bonito y a Lequio que siga igual de ‘maléfico’, que me encanta. Y claro, estaremos pendientes de los tribunales.