Los príncipes Alberto y Charlène de Mónaco inauguraron un campeonato de rugby preolímpico vestidos a juego y casi mimetizados.


Siempre hay lugar para la sorpresa cuando hablamos de Charlène de Mónaco. Al menos en cuanto a su estilo. Si la princesa ya nos dejó boquiabiertos el pasado diciembre cuando decidió raparse el pelo a lo punk, su última comparecencia pública también ha dado de qué hablar. El príncipe Alberto y ella acudieron al Yacht Club de Montecarlo para la presentación oficial del torneo de rugby Monaco Sevens 2021, del que saldrá los equipos masculino y femenino que participarán en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio. Fue la pareja la que lanzó el primer pase con la pelota, que recibió de manera virtual el jugador de rugby Mathieu Bastareaud, internacional francés y embajador de esta cita. Charlène realizó un tiro certero que denota su habilidad como deportista, aunque además acaparó las miradas por otro motivo.

Lo primero que llamó la atención fue el atuendo del matrimonio. Ambos lucían los colores de la equipación nacional de Mónaco, en un tono burdeos, con el escudo en la solapa. Eso sí, Charlène se había hecho un traje a medida para la ocasión. Un perfecto traje sastre con solapas en negro, chaleco y pantalones extralargos de pata ancha, con las que presumía de su escultural figura. Lo más curioso era verla junto a su marido, pues con sus atuendos y tras sus mascarillas daban la impresión de ser casi ‘gemelos’ (salvando las distancias).

Palais Princier.

El hecho de que la princesa Charlène lleve el pelo tan corto acentuaba esa sensación. Si bien en términos de elegancia no había color. La imagen de la consorte era espectacular. Un estilo ‘tomboy’ (o chicazo) que a ella le va a la perfección y con el que manda en esta tendencia. Esta vez, la esposa de Alberto nos dejó ver su vanguardista peinado sin taparse con boina, el complemento que no le ha faltado en sus anteriores apariciones públicas, como en la fiesta de Santa Devota.