El Gobierno de Pedro Sánchez ha respondido a una pregunta de un senador de Compromís diciendo que el emérito conserva su título honorífico de Rey «vitaliciamente».


El último año para el Rey Juan Carlos ha supuesto toda una revolución en su vida. Tanto que, envuelto en varias investigaciones por asuntos relacionados con cuentas y negocios opacos, desde algunos partidos políticos se solicitaba incluso que se le retirara el título de Rey, una consideración honorífica que se estableció tras su Abdicación, anunciada el 2 de junio de 2014, cuando cedió la Corona a su hijo, el actual Rey Felipe. Pues bien, ya hay una respuesta oficial a esta cuestión … y sin duda alegrará mucho al soberano emérito.

Siguiendo un protocolo habitual en el sistema democrático, el Ejecutivo recibió una pregunta formulada en el Senado por el parlamentario de Compromís, Carles Mulet. En ella exponía que la designación de «emérito» no se encuentra en la Constitución, por lo que planteaba lo siguiente: «¿Piensa revocar el Gobierno este título honorifico y vitalicio?».

La respuesta llegó vía escrita el pasado 30 de diciembre con estas palabras: «El Real Decreto 470/2014, de 13 de junio, dispone que Don Juan Carlos de Borbón continuará vitaliciamente en el uso con carácter honorífico del título de Rey, no apareciendo en ningún extremo la denominación de rey emérito».

El senador hacía referencia también a que no existía dicha figura en otras situaciones similares, a lo que el Gobierno añadía: «Sin ánimo de exhaustividad, que existen situaciones semejantes a la de la Monarquía parlamentaria española en países como Bélgica, con el rey Alberto II; Luxemburgo, con el Gran Duque Juan; o Japón, con el emperador Akihito, quien recibe el nombre de Daijo Tenno o Joko«.

Así pues, lo de Rey «emérito» es poco menos que una categoría creada por medios y ciudadanos para distinguirlo del monarca titular, pero no una figura jurídica real. Esta noticia habrá satisfecho mucho a Don Juan Carlos, quien últimamente no para de afrontar contratiempos y, al menos de momento, no ve peligrar el último título que lo distingue como uno de los adalides de la Transición y de nuestra Democracia.

El último revés lo ha sufrido al ver frustrado su deseo de regresar a España las pasadas navidades. Muy lejos ha celebrado su 83 cumpleaños (el pasado 5 de enero), donde tan solo estuvo acompañado por su hija mayor, la Infanta Elena. Desde Abu Dabi nos llegaba también una nueva imagen suya, en una foto difundida por el programa «Viva la Vida» (Tele 5), en la que se le veía en un puerto deportivo tras descender de un barco y siendo ayudado a caminar por dos escoltas. Esto hizo saltar las alarmas por su supuesta mala salud, algo que, según sus allegados, no le ha sentado nada bien y que además ha desmentido, más allá de los evidentes problemas de movilidad que acarrea desde hace mucho tiempo.

Mientras tanto, la Casa Real continúa adelante capeando el temporal (y nunca mejor dicho). En medio de los escándalos financieros del emérito, su hijo, el Rey Felipe, se veía obligado el 15 de marzo de 2020 a anunciar que le retiraba a su padre su asignación pública anual y que él mismo renunciaba a su herencia. Fue un gesto muy valorado al interpretarse como el desmarque total del actual monarca de las posibles irregularidades paterna; un cortafuegos necesario por el bien y la salvaguarda del futuro de la monarquía.

Durante este tiempo han seguido produciéndose noticias si cabe aún más sorprendentes, como la marcha del emérito fuera de España, el pasado 3 de agosto, rumbo a Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), donde aún se encuentra y sin visos cercanos de regreso. Lejos, pero como Rey de España.