La Reina Sofía ha alargado su estancia en su país natal tras la boda de su sobrino Philippos. Con sus hermanos y sus mejores amigos, la soberana no se aburre…


La Reina Sofía cumplirá 83 años el próximo 2 de noviembre y su energía es envidiable. De hecho, en los últimos días no ha parado: el viernes 22 de octubre asistió a la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias en Oviedo; y acto seguido voló hasta Atenas para ir, el sábado 23, a la boda de su sobrino Philippos de Grecia y Nina Flohr, donde se dejó ver junto a la Infanta Elena, muy felices por compartir un día tan especial para la familia.

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Volver a su país natal siempre es un placer, y en cuanto las condiciones de la pandemia lo han permitido, la soberana emérita lo ha visitado con bastante frecuencia. Siempre acompañada de su inseparable hermana, la princesa Irene. Uno de los motivos más poderosos para hacerlo es que allí reside su hermano, Constantino de Grecia, con su esposa, Ana María. El exrey está delicado de salud y se mueve en silla de ruedas.

En los últimos meses ha viajado a Grecia para celebrar el 81 cumpleaños de su hermano, visitó un proyecto ecológico en la isla de Lipsi, también fue al Museo Arqueológico de Atenas, se reunió con la presidenta y el primer ministro helenos y estuvo de compras en un centro comercial de la capital… Aunque los viajes de la Reina Sofía son a título privado, también lleva a cabo otras actividades dignas de una agenda oficial.

Después de acudir al enlace de su sobrino el pasado sábado, Doña Sofía acudió al día siguiente al almuerzo que los novios ofrecieron a sus invitados más allegados en Club Náutico de Atenas. Y después se ha quedado unos días más, aprovechando para estar más tiempo con su hermano y los suyos.

A la boda real también asistió el matrimonio del doctor Fruchaud y Tatiana Radziwill, íntimos amigos de la soberana, con quienes es habitual verla disfrutar de sus vacaciones en Mallorca y que, probablemente, también hayan alargado su estancia en Grecia.

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Pero, fiel a su estilo, Doña Sofía tampoco se ha quedado quieta. De hecho, ha trascendido su visita al Museo Bizantino y Cristiano de Atenas, ayer mismo, donde fue recibida con todos los honores.

En estos momentos la institución acoge una exposición sobre la batalla de Lepanto, en la que Cervantes luchó y fue herido, cuando se cumple su 450 aniversario. La acompañaron su hermana Irene y el embajador de España, el señor Enrique Viguera, con el que mantiene una excelente relación, además de otras autoridades griegas.

Una muestra más del interés de Doña Sofía por la cultura, y más si tiene que ver con las raíces helenas y españolas. Vestida de manera muy juvenil con una original chaqueta estampada, que ya le habíamos visto en uno de sus últimos compromisos públicos en España, pantalones y botas, la Reina emérita hizo gala de un enorme interés por la historia.

Muy expresiva y ‘preguntona’, también nos llamó la atención cómo saludó a uno de los militares que la esperaban a las puertas del museo. Y es que Doña Sofía le ofreció su puño cerrado y ambos los chocaron en un gesto informal, tras lo cual la Reina continuó su visita en el mismo tono distendido.