Menchu Álvarez del Valle ha recibido un emotivo homenaje por parte de sus amigas de la tertulia ‘El Garabato’ y donde han cumplido su última voluntad


Hace ahora dos meses de la trágica noticia de la muerte de Menchu Álvarez del Valle, abuela de la Reina Letizia, que fallecía a los 93 años de edad en su propia casa de Sardeu, Asturias. Un adiós que sumió en la tristeza a su familia, también a la consorte real, a la que les unía un vínculo muy especial y por la que se decantó a estudiar Periodismo y que supuso las bases de una andadura profesional que le pondría en el camino de un joven príncipe Felipe y que le alzó años más tarde a ser reina de los españoles. Eso sí, su condición real puede que fuese uno de los motivos por los que optó por no acudir al último adiós a su abuela, alegando que la despedida debía ser íntima y familiar y que con su presencia se provocarían aglomeraciones que echarían al traste el deseo de los Ortiz de hacer piña para sobrellevar el duelo sin miradas ajenas.

Ahora, dos meses más tarde de aquellos acontecimientos, Menchu Álvarez del Valle ha vuelto a ser homenajeada por parte de San Salvador de Moru, una cita en la que se han congregado desde algunos familiares y muchas amigas que lloran su pérdida y ríen también por los buenos momentos vividos junto a la veterana periodista radiofónica. Así lo hacían sus amigas de la tertulia ‘El Garabato’ que, junto a Henar Ortiz, hija de Menchu y tía de la Reina Letizia la homenajearon con un emotivo minuto de silencio este sábado 25 de septiembre, como así han publicado desde el diario ‘El Comercio’.

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“El acto arrancaba con una introducción a cargo de Patricia Toyos, compañera de Menchu Álvarez del Valle en la tertulia femenina, que recordó cómo la homenajeada comentaba siempre que nuestros encuentros la habían ayudado a tener ilusión en un momento difícil de su vida”, pero puso énfasis en “lo que nos aportó ella a todas nosotras va a ser tremendamente difícil de olvidar”, se puede leer en la crónica que el citado medio ha realizado sobre el solemne acto en homenaje a la abuela de la Reina Letizia.

GTRES

Uno de los detalles que no pasó inadvertido para los allí congregados fue que el acto estuvo presidido por una imagen de la Virgen de Covadonga, donado expresamente por la propia Menchu. También se cumplieron con las últimas voluntades de la veterana periodista, que ya había expresado su deseo de que su amiga Rita María Álvarez se encargase de leer el poema ‘Señor que lo quisiste’ de Dulce María Loynaz. Un texto que a la abuela de Letizia le gustaba especialmente y que reproducimos a continuación:

Señor que lo quisiste: ¿para qué habré nacido?

¿Quién me necesitaba,

quién me había pedido?

¿Que misión me confiaste?

Y ¿por qué me elegiste,

yo, el inútil, el débil,

el cansado…? El triste.

 

Yo, que no sé siquiera

que es malo lo que no es bueno,

y si busco las rosas y me aparto del cieno,

es sólo por instinto. Y no hay mérito alguno

en la obediencia fácil a un instinto oportuno…

 

Y aún más:

¿Pude hacer siempre todo lo que he intentado?

¿Soy yo mismo siquiera lo que había soñado?…

¿En qué ocaso de alma ha disipado el luto?

¿A quién hice feliz tan siquiera un minuto?

¿Que frente obscura y torva se iluminó de prisa

tan sólo ante el conjuro de mi pobre sonrisa?

 

¿Evitar a cualquiera pude el menor quebranto?

¿De qué sirvió mi risa; de qué sirvió mi llanto?

Y al fin, cuando me vaya frío, pálido, inerte…

¿Que dejaré a la Vida? ¿Que llevaré a la Muerte?…

 

Bien sé que todo tiene su objeto y su motivo:

Que he venido por algo y que para algo vivo.

Que hasta el más vil gusano su destino ya tiene,

que tu impulso palpita en todo lo que tiene

Y que si lo mandaste fue también con la idea

de llenar un vacío, por pequeño que sea…

 

Que hay un sentido oculto en la entraña de todo:

en la pluma, en la garra, en la espuma, en el lodo…

Que tu obra es perfecta: ¡Oh, Todopoderoso,

Dios Justiciero, Dios Sabio, Dios Amoroso!…

El Dios de los mediocres, los malos y los buenos…

En tu obra no hay nada ni de más ni de menos…

 

Pero… no sé, Dios mío: me parece que a Ti

–un Dios…– te hubiera sido fácil pasar sin mí.

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