El Megxit o el Sussexit ha causado una catarsis en la monarquía británica que está acarreando muchas acciones colaterales. El príncipe Harry y Meghan Markle la han liado, y su sonada renuncia a trabajar en la primera línea para la reina Isabel desplaza el foco inevitablemente. ¿Hacia dónde? A su lado más inmediato: el príncipe Guillermo y Kate Middleton. Pero sobre todo a ella: Kate, ¡oh, Kate! La duquesa de Cambridge se lleva toda la atención. Y es que si ponemos en liza a Meghan y Kate, esta se proclama como clarísima ganadora. Por goleada.

Entre todas las turbulencias provocadas desde el infame anuncio (el pasado 8 de enero), el resto de la familia Windsor ha hecho de tripas corazón. Han tenido que calmar las aguas y mostrar su mejor cara para que, al menos frente al público, la crisis no fuera aún más profunda. Incluso la soberana (cuyo enfado queda de puertas para adentro de palacio) ha dado su bendición a los Sussex para que emprendan una «pacífica vida». Ahora bien, los que se quedan tienen que seguir trabajando para The Firm (algo así como La Compañía, un título oficioso con el que definen a la Familia Real). Y Kate Middleton es su mejor valedora.

No solo porque sigue siendo uno de los miembros más populares, sino también por sus extraordinarias cualidades. Guillermo eligió bien, muy bien. Y ella aceptó; sabía en lo que se metía y lo asumió con todas sus consecuencias. Tras casi 9 años de su boda, su papel dentro de la realeza es indiscutible. Kate Middleton es la perfección. Por sus exquisitos modales (no reñidos con la cercanía), su empatía, su implicación, además de una manera de ser y estar con suavidad, carisma y elegancia… Por su profesionalidad. También es madre, de tres hijos, a los que trata y presenta al mundo con naturalidad. Y todo ello aderezado con una sonrisa que derrite los corazones.

Su marido es el segundo en la línea de sucesión al Trono británico y ella está llamada a ser la futura reina consorte. Es decir, su presión es mucho mayor que la que han sufrido los duques de Sussex. ¿Se han quejado ellos alguna vez? No. Kate ha cumplido estos días con un buen número de compromisos oficiales, demostrando que es el mejor remedio contra una gran decepción.

1Harry y Meghan se van... Los duques de Cambridge se quedan

El mismo día que el príncipe Harry emprendía su regreso a Canadá para reunirse con Meghan y su hijo, Guillermo y Kate acudían a una recepción oficial en Buckingham. Ella, espectacular de rojo.

2En hombre de la reina

Lo hacían en nombre de la reina Isabel para celebrar la Cumbre Económica Reino Unido-África. Junto a ellos también estaban la princesa Ana y el príncipe Eduardo con su esposa, Sophie Wessex. Todos se han puesto manos a la obra tras la crisis. Teniendo a Kate… ¿quién echaba en falta a Meghan?

3Al pie del cañón

Y es que los británicos se han tomado muy a pecho esta especie de deserción de los Sussex. Les han consentido todo y así se lo han pagado. En contraposición, los duques de Cambridge continúan al pie del cañón, fieles a las responsabilidades para las que los han educado.

4Viajes por el Reino Unido

Kate Middleton seguía con una agenda muy atareada esta semana. En esta ocasión se desplazaba a Birmingham, donde la veíamos en una divertida visita al Museo de la Ciencia.

5Agenda intensa

Al día siguiente viajaba a Cardiff y visitaba un centro infantil para promocionar una de sus iniciativas, ‘Cinco Grandes Preguntas’. Una manera de que padres e hijos establezcan los mejores lazos para disfrutar de un futuro más pleno en todos los sentidos.

6Su buena mano con los niños

Además participó en un taller sensorial con niños, charló con madres y cuidadores… Algunas de ellos aseguraron que Kate era una persona «con los pies en la tierra», que se interesaba de verdad por sus necesidades, concluyendo que «eso no se puede fingir».

7Una 'royal' en la que confiar

Por cierto, Kate Middleton lucía una falda plisada con estampado de leopardo de Zara (agotada ya online). Un dato más de su magia, el llamado «efecto Kate». Ahora mismo la duquesa de Cambridge demuestra ser un miembro de la realeza en el que poder confiar, sin temor a decepciones, sabiendo dónde está y lo que se espera de ella.