Hoy es el anillo dorado de Karem Hallam, pero hace unos años la Reina Letizia no se desprendía de una llamativa pieza de verdes brillantes. ¿Dónde está?


Sí, hubo otro anillo favorito para la Reina Letizia antes que el modelo ovalado dorado de Karen Hallam que ahora nunca se quita. Una pieza de brillantes (¿brillantes?) verdes que apareció en su mano el 27 de septiembre de 2017, cuando acudió a inaugurar en un instituto de Teruel el nuevo curso de Formación Profesional. A partir de ahí, en cada acto, salida o viaje, una y otra vez, el anillo no salía de sus dedos, primero en el corazón, después casi siempre en el índice… Y ahí estaba, apuntándonos a todos, desafiándonos, sí, ¡desafiándonos!

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Porque de ese anillo nunca se ha sabido su origen, motivo por el cual pasamos a llamarlo el «misterioso anillo verde». Hace mucho que no lo saca. Claro, se ha ‘echado’ otro favorito y parece gustarle más, pero no nos olvidamos de aquel primer fetiche al que desde aquí rendimos un sentido tributo.

Se trata de un diseño voluminoso con piedrecitas engarzadas. No sabemos si aventurarnos a decir que son brillantes o es alta bisutería. Bonito, lo es. En su momento hubo muchas apuestas. Las más apuntaban a que podría ser de la firma rusa Fabergé (famosa por sus huevos), que tenía algunos modelos parecidos. A un precio de entre 15.000 y 20.000 euros. Si así fuera hablamos de un anillo «importante», por lo que quizás era un regalo (su cumpleaños había sido unos días antes, el 15 de septiembre), pero un regalo bueno y de alguien cercano dado su elevado coste. ¿Su marido, el Rey Felipe? Como decimos, un misterio.

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El hecho de que lo llevara prácticamente siempre delata su importancia para ella, que además es poco dada a utilizar anillos (ni siquiera lleva su alianza matrimonial o su anillo de pedida), porque le molestan para saludar. Por lo tanto, aquí había sentimiento. Lo quería, le recordaba a algún buen momento… o lo que fuera. Se lo vimos en galas, cenas con mandatarios extranjeros y otros compromisos oficiales. Se lo puso incluso en los Premios Princesa de Asturias de ese 2017, aunque el anillo verde no pegara ni con cola con su modelo oriental de Felipe Varela e hiciera cortocircuito junto a las grandes joyas «de pasar». También se lo llevó a un viaje que hizo en solitario a México para su encuentro con el entonces presidente Enrique Peña Nieto y su entonces esposa, la exactriz Angélica Rivera.

LA ‘DESAPARICIÓN’ DEL ANILLO

Después de un año de intensa presencia, el misterioso anillo verde desapareció de su mano. Se fue. La Reina Letizia no ha vuelto a contar con él. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está? Suponemos que en el joyero real, pero ¿es que acaso ya no le gusta? Necesitamos alguna señal o pensaremos que ha sido secuestrado, que se ha volatilizado entre los cientos de pendientes, collares y cadenitas… No sin antes dejar un rastro de añoranza. ¿Por qué este desdén hacia una joya que antes fue el amor de sus amores? Claro, ya sabemos que ha venido otro a sustituirle.

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El de Karen Hallam (que estrenó en el almuerzo del Cervantes en abril de 2019) cuenta con muchas virtudes, pero sobre todo es un diseño moderno y más combinable con todo. Su precio, 114 euros, tampoco apabulla para su uso diario. Y además se dice que es un regalo de sus hijas, Leonor y Sofía, con lo que ahí encontraríamos otra de las claves de su éxito: su valor sentimental lo eleva a los altares… Ya, pero y el otro, ¿qué? Si alguien tiene respuestas a este enigma, razón aquí.