El catalán nos atiende en su residencia, nos invita a café, nos enseña sus objetos más deseados y abre a SEMANA su corazón


Durante la cuarentena se convirtió en el ejemplo de hijo, nieto y esposo ideal gracias a las publicaciones en su red social junto a su padre, con el que pasó toda la pandemia haciéndose divertidas fotos y retransmitiendo su día a día. Pero nuestro protagonista no es únicamente una buena persona, lo conocimos hace muchos años gracias a su papel en la serie Al Salir de Clase y desde entonces no ha parado de cosechar un éxito tras otro. Octavi Pujades nos ha abierto las puertas de su céntrico piso madrileño y nos ha enseñado su parte más desconocida. A punto de regresar al teatro con su obra ¡OH MAMi!, el catalán nos atiende en su residencia, nos invita a café, nos enseña sus objetos más deseados y habla con SEMANA del trabajo, de sus hijos y de su amor de estos últimos cinco años.

Luis Miguel González

En primer lugar, muchas gracias por atendernos ¿llevas mucho tiempo viviendo aquí
Este piso lo compre como hará casi 10 años, pero voy yendo y viniendo de Madrid a Barcelona, según haya trabajo o no. Cuando no tengo trabajo en Madrid estoy en Barcelona con mis hijos, con mi padre y con mi familia.

¿Y qué fue lo que más te atrajo de esta zona?
Pues mira, me gusta mucho la zona. Buscaba algo muy céntrico, porque por nuestro trabajo siempre nos vienen a buscar en coche. Y yo prefería estar en una zona en la que no tuviera que desplazarme con coche, ni con moto, ni nada. Entonces busqué y encontré este. Subí y me enamoré. Es un piso pequeñito, no es para una familia. Pero mi chica y yo estamos de lujo y mi hija ha venido todo el mes de agosto y hemos estado genial los tres.

Tienes muchos objetos de Star Wars y de películas y series míticas ¿Llevas mucho tiempo coleccionándolos?
Pues depende, va a rachas, porque ya sabes que este trabajo es inconstante. Y entonces, cuando de repente entra dinero, uno mira en qué le gusta gastarse las cosas y qué es lo que le hace ilusión. Y hay algunas cosas que tienen unos añitos.

Me gustaría que nos hablaras de los proyectos que tienes ahora mismo en la agenda y dónde te puede ver la gente.
Pues mira, este 3 de septiembre estrenamos en el Teatro Amaya de Madrid, Oh Mami, que es una comedia muy divertida. La hicimos ya en el 2019 en Barcelona. Funcionó muy bien y ahora vamos a estar aquí hasta el 7 de noviembre. Estamos ya en taquilla, ultimando los últimos ensayos, y ya empezamos a tener algún día público amigo, para que nos den la opinión.

¿Cómo te esperas esta vuelta?
La espero con muchas ganas y mucha ilusión. Creo que para un actor es lo más bonito, y todos los medios son bonitos, pero el teatro es el que contiene la esencia de lo que es la interpretación. El contacto directo con el público, el arrancar la historia y terminarla, pase lo que pase en escena, te encuentres como te encuentres, con la ayuda de tus compañeros y de todo el equipo, es maravilloso. Y esto nos lo había arrebatado directamente la pandemia, porque los rodajes se pudieron reemprender antes, con medidas de seguridad y de protección. La industria del teatro aglomera a mucha gente que ha estado bien jodida. Pero bueno, se ha visto que el teatro es seguro.

¿Qué queda del niño que empezó en Al salir de clase?
Pues quedan muchas cosas. Creo que básicamente soy la misma persona, con más experiencia. A veces aprendes de la experiencia y otras veces te vuelves a meter en el mismo sitio. Estoy mucho menos perdido, disfruto más de lo que hago, relativizo más lo que hago, pero queda la ilusión. La ilusión para un actor es básica.

¿La fama se te subió alguna vez a la cabeza?
Yo empecé con 25, relativamente tarde. Estudié Medicina, se cruzó en mi camino la interpretación y entonces me dediqué de lleno, así que yo ya había vivido, había estudiado una carrera, ya conocía el mundo convencional y más o menos no era un chiquillo, mi vida era bastante estable. Y esta profesión trajo la desestabilización de tener que trasladarme, de no saber cuándo trabajas y cuándo no trabajas. Pero los cimientos de mi vida ya estaban y se mantuvieron.

Luis Miguel González

¿Cómo acaba un médico siendo actor?
Terminé la carrera de Medicina y esta carrera tiene una cosa que es horrorosa y es que los que la estudiamos, cuando terminamos, es cuando tenemos que empezar a estudiar de verdad, porque al año siguiente tienes el examen MIR y el examen no es un examen que tenga un temario. En el MIR te puede salir absolutamente cualquier pregunta del acervo de conocimiento médico, y tienes que apuntarte en una academia para poder superarlo y eso había que pagarlo. Entonces empecé a hacer, gracias a un amigo, cosillas de fotografía, todo esto era justo antes de hacer el examen, y una productora me eligió para hacer un papelito en una serie y ahí empecé.

¿Aprobaste el MIR?
Hice el examen, me saqué la plaza, renuncié a la plaza, aplacé la incorporación a la especialidad a psiquiatría durante un año, porque en aquel entonces todavía se hacía la mili y utilicé esa exención para hacer la primera serie. Y luego ya me tocó decidir y dije, mira, la vida me ha puesto el caramelo en los labios, me ha dado la oportunidad de probar algo que se sale mucho de lo normal y me voy a arrepentir toda la vida si por lo menos no lo intento hasta el final.