Lo confieso: hasta ‘Cámbiame’ no conocía a Cristina Rodríguez. Tengo ciertas lagunas televisivas, porque la vida es inabarcable y no tiene instrucciones de uso, como rezaba en aquel pesadísimo libro de Georges Perec que sigo recordando como una pesadilla.

Cristina Rodríguez en la pasada edición de los Goya, premios a los que estaba nominada por partida doble, aunque no se llevó ninguno... ¡lástima!
Cristina Rodríguez en la pasada edición de los Goya, premios a los que estaba nominada por partida doble, aunque no se llevó ninguno… ¡lástima!

La primera vez que vi a Cristina en el programa que ahora presenta Carlota Corredera me enamoré, como Shakira y Piqué antes de tomarse unos cuantos mojitos. Llevaba un moño alto muy retro con un vestido que le hubiera pedido prestado Sara Montiel. Y a ver quién se resiste a eso.

Cristina Rodríguez tenía aires de diva de los años 40, pero a todo color, gesticulaba muchísimo y ponía tanta vehemencia en lo que decía que hasta yo me hubiera dejado poner extensiones por ella.

Cristina Rodríguez tiene un aire de diva antigua y moderna al mismo tiempo... Este look, por ejemplo, lo hubiera podido llevar Sara Montiel en sus años más pop.
Cristina Rodríguez tiene un aire de diva antigua y moderna al mismo tiempo… Este look, por ejemplo, lo hubiera podido llevar Sara Montiel en sus años más pop.

Cristina Rodríguez se ha ido del programa y me he quedado un poco huérfano de ella. Estoy triste de una forma difusa, que es mucho más grave que cuando te da un síncope, te desahogas y remontas. Lo mío va y viene. La echo de menos al encender la tele, ver qué ocurrencias desplegaba en las personas que acudían en su ayuda y la elegían a ella, dejando en la cuneta como salvadores a Pelayo y Natalia.

Me gustan las mujeres atrevidas, conscientes de su cuerpo y de su atractivo. Cristina Rodríguez, ¡eres sexy y lo sabes!
Me gustan las mujeres atrevidas, conscientes de su cuerpo y de su atractivo. Cristina Rodríguez, ¡eres sexy y lo sabes!

Este año la entrevisté a pie de alfombra roja en los Goya. Quien dice entrevista, intercambiamos cuatro frases, porque no te da tiempo a más. Y me quedé tantas cosas por decirle que se las he escrito en los párrafos anteriores. Lo que me encantó fue ella. Iba hecha una ‘circa’ de manera consciente y nos pidió que no la pusiéramos como la peor vestida. No por ella, imagino, sino por no perjudicar a quien diseñó el traje, que también demostró, por cierto, una gran valentía.

Estaba nominada a dos Goya al mejor vestuario y en lugar de hablar con palabras de cuatro sílabas, ponerse intensa o echarse flores, solo hizo una petición, que se lo dieran antes de que se le cayeran las tetas. Literal. Maravillosa. Porque, como cualquier diva antigua, habrá visualizado ese momentazo miles de veces, no por el premio en sí mismo sino por la escenificación.

No se lo dieron, pero llegará, tranquila. Lo sé porque lo siento. Cristina es muy graciosa, tiene ángel, es muy consciente y se sale del cliché de ciertas actrices que parece que van disfrazadas a los eventos, porque los trajes pueden con ellas.

La estilista es como Sarah Jessica Parker, se puede poner un mantel encima y estará bien, porque se lo cree, porque lo defiende con convicción.

Solo puedo acabar con un llamamiento, si hace falta, abro un change.org: ¡Cristina, vuelve!

¿Hola, qué tal? Pues sí, ella se atreve. Y me en-can-ta.
¿Hola, qué tal? Pues sí, ella se atreve. Y me en-can-ta.