La fiesta del 52 cumpleaños del monarca queda en el terreno más privado, ajeno a las miradas, con su familia y amigos. Así es el hombre tras la Corona.


Hoy 30 de enero Don Felipe cumple 52 años, pero no lo hace como Rey. Es decir, no hay una celebración oficial. Tampoco es una cifra redonda, pero si echamos la vista atrás, lo cierto es que tampoco encontraremos muchos festejos de cara al público. Para eso nos tenemos que remontar hasta su más tierna infancia, cuando los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía abrían las puertas de La Zarzuela y se dejaban fotografiar para que todos viéramos cómo aquel príncipe tan adorable soplaba las velas de su tarta… En esta ocasión, a falta de sorpresas, el monarca celebra su cumpleaños de puertas para adentro de palacio.

La agenda de la Casa de S.M el Rey ha quedado completamente despejada en esta jornada, tanto para él como para la Reina Letizia. Eso implica que podrán dedicarse el día sin cortapisas, sin más compromisos que los propios. A los Reyes les gusta disfrutar de sus aniversarios en privado, lejos del foco, casi siempre. Nada de grandes fiestas. Solo en los dos años inmediatamente anteriores ha habido novedades: para su 51 cumpleaños viajó a Irak para estar con las tropas españolas allí destacadas; con motivo de sus 50, la Casa Real hizo públicos una serie de documentos inéditos en los que aparecía con su esposa y sus dos hijas en diversas actividades (comiendo en su salón, llevando al cole a las niñas, grabando el Mensaje de Navidad…) y el mismo día entregaba el Toisón de Oro a su hija Leonor. No hay nada previsto oficialmente para los 52.

El Rey Felipe disfruta mucho de su familia, de sus amigos, con los que comparte cenas, deportes… Con la Reina y sus hijas suele ir al cine y otros espectáculos. Al monarca le gusta mezclarse entre la gente de a pie (dicen que en esto le ha animado mucho Doña Letizia). Es la parte privada del hombre tras la Corona. En ese sentido se ha desmarcado un poco de su padre, el Rey Juan Carlos. A Don Felipe te lo puedes encontrar sentado a tu lado en un concierto o en la mesa de un restaurante, pasando (casi) inadvertido. Es un hombre tranquilo, relajado, muy educado y hasta divertido pese a la imagen de seriedad que debe transmitir. Compaginar su papel institucional y los deseos de intimidad a veces es una tarea difícil, pero él acaba consiguiéndolo.