El colaborador ha abandonado el plató de ‘Sálvame’ al recordar el 21 cumpleaños de su hija, con la que no se habla desde hace tiempo.


Este miércoles, Kiko Matamoros ha tenido que hacer frente a un día complicado. Su hija Anita acaba de cumplir 21 años y aún siguen sin dirigirse la palabra. Ante esta situación, sus compañeros de ‘Sálvame‘ le han sacado el tema en directo. ¿En qué punto está este prolongado distanciamiento? ¿Por qué no da su brazo a torcer para acercarse a ella? Son algunas de las preguntas que le han formulado los colaboradores.

El colaborador ha dejado claro desde el principio que a sus hijos «no los ha dejado tirados nunca» y que ha pagado las pensiones de su hija «de arriba a abajo». En relación a su hija, cree que ambos están en un punto de no retorno. Han pasado muchas cosas y no está dispuesto a dar su brazo a torcer. «No voy a consentir que nadie por muy bien que se crea que haga las cosas me desprecie a mí o a mi o a mi pareja. No voy a pasar por ahí y no me voy a arrastrar por nadie», decía.

Asimismo, ha explicado que le da igual lo que piensen los demás: «Me descojono porque supongo que habrá muchos llevándose las manos a la cabeza porque no he felicitado a mi hija: «Las he pasado putas en un quirófano y nadie me ha preguntado cómo he salido. Esperas la llamada de alguien y no se produce nunca. Cuando ves esa falta de interés y esa falta de apego dices, pues vale. Que ya he aprendido a llorar en silencio, a mortificarme, a joderme… Estoy titulado en eso», decía, emocionado.

«Yo sé lo que sufro yo, no sé lo que pueda estar sufriendo mi hija», añadía. «Aquí hay unos hechos y unas actitudes incontestables. No es una opinión subjetiva». Paz Padilla lo escuchaba con atención y le comentaba: «Cada parte tiene el mismo dolor, cada uno con su verdad». Dispuesta a hacer recapacitar a su compañero, le ha recordado que el amor entre un padre y una hija está por encima de todo: «A medida que pase el tiempo el dolor será mayor y ella dirá: ‘Es mi cumpleaños y mi padre no me ha llamado’. Que tiene 21 años, que la vida es muy larga. A lo mejor hay que sentarse y decir a empezar de nuevo. Que tengo una hija y a veces hay que tragar sapos por el bien de la relación. Los dos tienen que tragar sapos».

«No quiero nada malo para mi hija»

Kiko Matamoros le respondía de manera tajante: «Se me ha difamado públicamente. Aquí ha venido un señor y se ha inventado cosas que atentaban contra mi honor. La impasividad ante eso y la complicidad ante eso me hace daño. No quiero nada malo para mi hija. Ojalá sea súper feliz, que le vaya todo cojonudamente en el terreno profesional. Que le salga todo redondo, maravilloso. No tengo que pedir disculpas». La gaditana replicaba: «Empezad de cero y aparcad. Nos queremos. Te quiero, y pa’lante».

«De cero no se puede empezar. De cero parte un recién nacido. No yo, ni ella. Y hay actitudes y mil cosas que no conocéis que me han ofendido y me ofenden. Bastante hago con no tener rencor y no tener ningún sentimiento negativo hacia mi hija. Y ahí me planto. Ver a mi hija en el barco de un hombre que aplastó a su madre me revuelve las tripas», sentenciaba el colaborador, cada vez más emocionado. «¿Sabes que me hace daño?», exclamaba.

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«Tu hija ha pedido ayuda porque no está bien. Tiene 21 años», insistía Paz. Sus palabras provocaban que Matamoros abandonara el plató de ‘Sálvame’, completamente roto. Entonces, la andaluza explicaba el porqué de sus declaraciones, entre sollozos: «Para mí el amor está por encima de todo. No es el qué te han dicho ni el qué te han dicho. Aquí lo que impera es el amor de una hija que está sufriendo y un padre que está sufriendo…. El amor está por encima de todo. Puede ser una madre, un hijo, un marido, un amigo. Y cuando el amor está por delante se mueven montañas. Lo que tenemos que tener claro es que se vive dos días. ¿Cómo te crees que está? Él está sufriendo, está por dentro roto. ¡Si es que se le ve!».

Paz Padilla pide disculpas a Kiko Matamoros, rota en llanto

Minutos más tarde, el colaborador regresaba a su silla, intentando por todos los medios reprimir las lágrimas. Y Paz le pedía disculpas por haberlo sacado de sus casillas: «Te pido disculpas si he dicho algo que te ha ofendido. No quiero que estés así. Te lo digo de corazón. Me siento mal, lo siento«. El aludido le contestaba, sereno: «La culpa es mía por dejarme llevar donde no llevo… Lo siento fundamentalmente porque no debo hablar de esto. Sencillamente, no debo. Y ya está». Paz concluía el doloroso momento diciendo: «Yo se lo digo a él: tu niña es muy buena niña. Lo paso mal porque las relaciones se vayan ahí».