La extenista ha rememorado su carrera deportiva y la guerra con sus progenitores, de la que se arrepiente: «Siempre han querido lo mejor para mí».


La tercera entrega de ‘Palo y astilla’, de La Sexta, ha repasado la historia profesional y personal de Arancha Sánchez Vicario. La tenista ha concedido una entrevista a Mamen Mendizábal y con ella ha rememorado sus grandes triunfos sobre la pista, así como su mediático conflicto con su familia.

Los Sánchez Vicario estuvieron enfrentados durante años a raíz de las durísimas revelaciones de la deportista, que acusó a sus progenitores de haber tomado decisiones nefastas sobre su vida y sus andanzas deportivas. Lo hizo en el año 2012 en su libro autobiográfico: ‘Arantxa, ¡vamos! Memorias de una lucha, una vida y una mujer‘. En él desvelaba que no se hablaba con nadie de su familia y que estaba en la ruina. Después de 17 años siendo una de las mejores tenistas del mundo, Arantxa abría la caja de Pandora y aseguraba que por fin podía «conquistar su libertad», ya que sus padres tuvieron potestad sobre ella durante toda su carrera.

«Pedir perdón cuesta»

Aquellas declaraciones desataron una tormenta en el seno de su familia, que quedó para siempre marcada por aquel terrible cisma. Emilio Sánchez, padre de la tenista, murió enfermo de alzheimer en el año 2016, sin que existiera una reconciliación con su hija. Es algo que la campeona no se perdonará jamás a sí misma. Porque ahora se ha dado cuenta de que «muchas cosas se podían haber evitado».

La catalana cree que a pesar del daño causado aún está a tiempo de curar las heridas abiertas con el resto de su familia. «Ya pedí perdón en su día cuando tenía que haber pedido perdón porque creo que se fue un poco de las manos», ha confesado en el programa de La Sexta. «Evidentemente si no fuese una persona pública no hubiese pasado como ha pasado. Soy humana y a veces pedir perdón cuesta, pero lo he hecho. Mi familia ya lo sabe y ahora hay que mirar para adelante. Lo que se hizo, obviamente, el presente lo cambiará. Intento seguir luchando».

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Al echar la vista atrás, la exdeportista siente el peso de los errores cometidos con sus padres. Su enfrentamiento con ello se magnificó, pero ha recalcado que ambos eran muy controladores con todo lo que hacía: «Apenas salía. Tenía que entrenar, tenía que competir… El control siempre ha estado ahí. No es que no lo haya habido. Yo estaba en la alta competición y querían que yo estuviese entrada en lo que estaba haciendo». Aunque en su momento sentía una vigilancia excesiva, ahora entiende por qué lo hicieron: «Siempre han querido lo mejor para mí. Yo como madre quiero lo mejor para mis hijos. En ese momento no te das cuenta».

No es la primera vez que Arantxa Sánchez Vicario entona el ‘mea culpa’ públicamente y muestra su arrepentimiento tras su encarnizada guerra familiar. “Acusé y fui injusta con mi padre. Me hubiese gustado pedirle disculpas, despedirme diciéndole lo mucho que lo quería, pero cuando fui a al clínica estaba tan malito que siempre tendré esa duda. Miro atrás y todo es como un mal sueño”, confesaba en el año 2019 en ‘Hola’.

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Al hablar de su familia, la extenista no se ha olvidado de su hermano Emilio Sánchez Vicario. Una figura fundamental en su vida, tanto a nivel personal como en el trabajo. «Estuvo entre los 10 primeros. Siempre fue mi referente, mi mentor. Cuando dejó su carrera fue entrenador mío».

En el espacio de Mamen Mendizábal, la exdeportista ha recordado que el mejor momento de su vida profesional fue cuando ganó el Roland Garros, en 1994. «Era una niña normal hasta que llegó el Roland Garros y cambió completamente mi vida», ha contado. «Consigo la gran sorpresa ganando a Steffi Graf. Me revuelco por la arena. Tenía esa pasión, esa dedicación y me gustaba lo que hacía». Aquel año, Arancha Sánchez Vicario demostró al mundo que era la mejor. Ganó ocho torneos internacionales, los más importantes del planeta. «Tenía 17 años y pensé: ‘Ahora hay que celebrarlo’ y fue la mejor fiesta que pude tener en mi vida. Saber que todo el país estuvo pendiente de aquel acontecimiento, de aquella gran final, fue increíble. Aún se me ponen los pelos de punta».