La princesa Charlène volvió a brillar en una gala benéfica para la que lució un vestido glamouroso e impresionantes joyas. Y ni rastro de su rostro envejecido de hace unos días…


¡Charlène ha vuelto! Después de un verano en el que solo la hemos visto con ropa deportiva y a bordo de una bicicleta acuática, por fin hemos recuperado la faceta más glamourosa de la princesa. Anoche tuvo lugar una gala en el Principado con ocasión de la Gala por la Salud del Planeta (antes conocida como Gala de los Océanos), que se celebró en la Ópera de Montecarlo y estuvo organizada por la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco. Pese a las restricciones debido a la Covid-19, tanto la pareja principesca como la multitud de invitados famosos que asistieron destacaron con sus brillos como en sus mejores tiempos. Pero tenemos que pararnos en Charlène, porque verdaderamente ella sí fue la reina de la noche.

Reaparecía tras estos últimos meses en los que, como decimos, ha estado preparándose duramente para competir en una carrera acuática entre la localidad de Calvi, en la isla francesa de Córcega, y la propia capital monegasca. Toda una hazaña para la que la princesa entrenó a conciencia, como en sus tiempos de atleta olímpica. Y precisamente se notaba este bagaje. Disciplinada, esforzada, sistemática… El fruto de tanto trabajo fue el triunfo absoluto. Ella pedaleó más y más rápido sobre el agua y al final ganó la carrera junto a su equipo. Todo por una causa solidaria. Al igual que esta nueva gala con la que Mónaco vuelve a ponerse en el centro de las fiestas europeas.

Charlène de Mónaco ha dejado atrás las mallas, las gafas deportivas, el pelo recogido y la ausencia de maquillaje para resurgir como un cisne. Llamó mucho la atención al término de la competición deportiva el aspecto de su cara, pálido, con las líneas de exresión muy marcadas y los rellenos faciales más expuestos. Nada que ver con esta gala. Y nada que una buena sesión de belleza y un maquillaje adecuado no puedan hacer.

La esposa del príncipe Alberto acudió luciendo su nuevo peinado bob ultraliso con flequillo corto y recto, destacando los labios rojos y con un vestido plateado de altura de Jenny Packham, con pronunciado escote a pico por delante y en la espalda. Al principio posó con la correspondiente mascarilla, eso sí, de un tejido noble y brillante. Luego se la quitó y pudimos observar su intenso labial rouge. La gargantilla de diamantes ajustada al cuello como si fuera una serpiente y la pulsera de brillantes eran de otro planeta. En suma, un look que nos devolvía la mejor versión de la princesa, al estilo de una diva de los años 30. ¡Queremos más!