Destapando la estrategia más sucia

Ha pasado una semana desde que vimos las imágenes más impactantes de Isabel Pantoja en Supervivientes. En medio de un ataque de angustia la tonadillera pidió que la sacaran de la isla aludiendo que su mente no aguantaba más. A pesar de que he sido muy dura con esta concursante, confieso que me dio mucha pena verla en esas condiciones sufriendo una crisis tan fuerte.

Ojalá sea un episodio aislado y no vuelva a repetirse. Dicho esto, cuando en la palapa compartió con Jorge Javier que la causa de su ansiedad era la falta de libertad y que ella asociaba ese sentimiento a su etapa en la sombra, me vino una pregunta a la cabeza: ¿Acaso no lleva encerrada y privada de autonomía en Cantora durante toda su vida?

Lo que quiero decir, es que me niego a aceptar que sus continuos intentos de abandono estén relacionados con la época de la que ella no se atreve a verbalizar.

Tras este episodio sombrío, llega mi momento favorito de la gala, Omar gana la prueba de apnea y se proclama líder derrotando a un Colate que se creía invencible. Este niño con más arte que un tablao, ha ido demostrando uno a uno que no hace falta ser Daddy Yankee, como dijo su “suegri”, para meterse a la audiencia en el bolsillo.
En un equipo en el que prima el conflicto, el insulto gratuito y las ganas de protagonismo debemos valorar que Omar destaca por su gracia natural, su empeño en poner paz donde solo buscan guerra, su predisposición a colaborar en las tareas y la generosidad en cuidar de sus compañeros. Por esto y más le dedico mi rima:

«El cantante de Pan Bendito (el sombrero ante él me quito),
demuestra gala tras gala, que no hace falta tener alma mala,
ni discutir en televisión, para ser el centro de atención.
No hace falta tener pareja artista, para proclamarse finalista.»

Hemos sido testigos de cómo se ha puesto en tela de juicio el estado físico de Violeta y resulta que la chiquilla tenia motivos mas que suficientes para quejarse, y aun así jamás quiso retirarse del concurso al contrario que otros participantes que jugaron al despiste para evitar la sanción económica por abandono. Finalmente ha sido la organización quién ha decido sacar a la tronista del reality a pesar de sus lloros, no sin antes darle la oportunidad de unirse a Supervivientes en la próxima edición.

Tengo la sensación de que Fabiolo se ha quitado un gran peso de encima, he observado que desde la ultima gran discusión de la pareja está mucho más frío que antes, pero necesita el apoyo de su legión de fans. Me da a mi que en cuanto llegaran a Madrid él le iba a dar la patada pero ha asido el destino (y la vesícula de Violeta) quienes les han separado antes de lo previsto.
La que ya está observando este movimiento sospechoso es Dakota, que no ha dudado en bautizar a Fabiolo como Violeto. Tengo que admitir que había subestimado a esta chica. No sólo es rápida mentalmente y graciosa cuando deja atrás su macarrismo extremo, sino que además es observadora a la par que valiente.

Dakota es un arma de doble filo, por un lado es tan valiente como para señalar las injusticias que pueda ver a lo largo del concurso pero por otro, no sabe medir hasta donde puede tensar la cuerda. Lo que me atrae de ella es que en ningún momento se siente atraída por el mundo televisivo y eso hace que sus respuestas siempre sean crudamente honestas, todos desearíamos por un día poder decir lo que pensamos de cada situación o persona, pero ¿cuánto tiempo duraríamos ilesos?

En el enfrentamiento con Violeto vi una clara intención por parte del argentino de provocar una violenta respuesta por parte de Dakota, pero ella muy audazmente vio sus intenciones y se retiro del cuadrilátero para después pedir disculpas. Hay que ser mezquino, para aprovechar la circunstancia de estar nominado con Dakota e intentar que la expulsen por agresión en vez de enfrentarte a ella ante la audiencia esta noche. Si no has sido capaz de formar tu propio grupo de seguidores, no esperes que te salven el culo los de tu novia.

Así que esta semana mi dardo va para Violeto, a ver como se le queda el careto.