Cuando Angela Walker revisó la carpeta de tareas de la escuela de su hijo, se quedó
totalmente sorprendida al descubrir en lo que estaba trabajando el chico junto a sus
compañeros de clase.

Un maestro de quinto grado de la escuela primaria Blades en San Luis (Missouri) le
había pedido a sus alumnos que imaginaran que trabajaban en la industria del comercio de
esclavos. Hasta el punto de solicitarles que fijaran un precio por la compra-venta de un
esclavo.

La idea era que los chicos imaginaran ser propietarios de una granja o una plantación para
la que necesitaban reclutar trabajadores. Sin embargo, estos últimos provendrían del
comercio de esclavos, de ahí que los alumnos tuvieran que fijar un precio, cantidad que
tenían que añadir ellos mismos en el espacio en blanco del enunciado del problema.

Otras cuestiones que se les planteaban a los alumnos consistían en establecer un precio
para diferentes artículos, tales como madera, leche o granos de maíz. Al final del ejercicio,
se instaba a los estudiantes a que reflexionaran sobre la economía de libre mercado y si
podrían considerarse trabajadores de clase alta en este tipo de trabajo.

Las reacciones frente a la tarea del profesor
Tras conocer el contenido de la tarea, el director de la escuela, Jeremy Booker, envió una
carta a los padres de los alumnos mostrándoles sus disculpas. Según sus propias palabras,
se trataba de una tarea culturalmente insensible y se comprometió a tomar las medidas
pertinentes con su equipo de profesores, aunque la identidad del profesor de la tarea en
cuestión no fue revelada.

El Distrito Escolar de Mehlville se ha personado en el caso como entidad investigadora de
los hechos. Este Distrito también se disculpó ante los padres aludiendo que no es en
absoluto aceptable que se le pida a un estudiante que participe en una actividad simulada
en la que se pone precio a una persona.

El profesor ha sido puesto en licencia administrativa, ya que como aseguran las
autoridades educativas el racismo de cualquier tipo, incluso de forma inadvertida por
prejuicios culturales, no es correcto y no es a lo que trata de aspirar la comunidad
educativa.

La propia Angela Walker, también maestra de escuela, aseguró que los educadores
deberían ser más sensibles frente a la cultura. Bien es cierto que se trataba solo de una
tarea y de una actividad llevada a cabo hace más de 100 años, pero no puede cometerse el
error de volver a ella ni siquiera en estas circunstancias.