Isabel, Gabriela y Berta se hicieron voluntarias por motivos bien diferentes. Sin embargo, las tres tienen algo en común: esta labor solidaria llena su vida y hace que se sientan más felices.


La palabra voluntario viene del latín (voluntarius) y se refiere a la persona que se presta a hacer una labor por propia voluntad sin esperar nada a cambio. Sin embargo, todos los voluntarios aseguran que reciben mucho más de lo que dan…

La acción de los Estados es insuficiente y allí a donde no llegan, lo hacen muchas veces las organizaciones con fines solidarios gracias en gran parte a esos voluntarios que regalan su tiempo y cariño a aquellos que lo necesitan. Según la Plataforma del Voluntariado en España, en nuestro país, hay alrededor de 2’5 millones de voluntarios con un perfil de mujer (63%), con estudios superiores (40’4 %) y un estatus socioeconómico alto (47’3%).

Por otra parte, los jóvenes españoles son los más solidarios de la Unión Europea. Aún así un 32’4% de españoles aseguran que les gustaría hacer voluntariado, pero no dan el paso por falta de tiempo e información. Ayuntamientos, comunidades autónomas y numerosas páginas web te informan sobre las organizaciones con las que puedes colaborar. En cuanto al tiempo, el testimonio de Isabel, Gabriela y Berta, junto con el del Padre Ángel, te convencerá de que fundamentalmente solo se necesita una cosa para ser voluntario: querer.

“Decidí hacerme voluntaria tras superar la leucemia”

Isabel Pérez Fernández (23), que estudia sexto de Medicina, visita a pacientes infantiles
de cáncer

A Fundación Aladina me ayudó mucho durante el año que estuve ingresada por una leucemia. Con 15 años, me vi en una habitación de hospital 24 horas y ellos eran mi vía de escape, ya que podía estar con voluntarios y gente de mi edad. Se quedaban un rato conmigo en la habitación o si estaba mejor, nos reuníamos los mayores de 12, veíamos una película, jugábamos a las cartas o hablábamos.

Afición por la rama sanitaria

Cuando salí del hospital y vi lo que me había ayudado ese apoyo, sumado a que a mí me gusta la rama sanitaria, tuve claro que quería ser voluntaria de Aladina. También era una forma de devolver todo lo que me habían dado a mí y pensaba que, como expaciente, había ciertas cosas que iba a entender mejor. Voy un día a la semana, porque hay muchos voluntarios, y mi labor es de acompañamiento hospitalario.

A primera hora de la tarde, hacemos rondas por donde están ingresados los pacientes de oncología. Unos voluntarios nos quedamos con los que quieren salir y otros con los que se quedan en habitación y les acompañamos, hablamos, hacemos alguna actividad, mientras la familia tiene un respiro. También se les presta ordenadores o películas para que se entretengan.

El tema de la implicación con el paciente es complicado sobre todo al principio. Es imposible no hacerlo pero vas a aprendiendo a poner una cierta distancia para sobrellevarlo. Además, por mi edad, me encuentro con muchos pacientes con mis inquietudes y el lazo que se crea es más estrecho.

De hecho, tengo una buena amistad con una expaciente, que me conoció como voluntaria. El momento más complicado es la muerte de los niños que cogieron confianza contigo y te contaron sus proyectos para cuando salgan. Eso es duro… Mi familia pensaba que psicológicamente me iba a venir mal, pero ahora les parece muy bien, porque me ven contenta.

Además, me aporta una visión más humana del ámbito sanitario, que es a lo que voy a dedicarme. Estoy en sexto de Medicina y me gustan varias especialidades médicas, como la medicina de familia, la psiquiatría o la pediatría con especialidad en oncología, porque me encantan los niños. +info: www.aladina.org