Gabriela Beijerbergen Rodríguez (35) visita cada semana a Rosario, una mujer de 85 años, con parkinson y diabetes, que vive sola. “Yo la quiero mucho”, confiesa.


Tras residir en Holanda, Canarias y Londres, a los 25 años me vine a Madrid, donde trabajo en una joyería y colaboro desde hace un año con la ong Solidarios para el Desarrollo. Todo empezó porque hace dos años tuve un serio problema de salud y no me encontraba bien anímicamente.

Pensé que colaborando con esta organización, que, entre otras labores, ofrece acompañamiento a las personas mayores, me podía hacer sentir mejor. Soy empática, positiva y siempre me he llevado genial con la gente mayor. Al poco tiempo de contactar, me comentaron que había una señora llamada Rosario y fui a conocerla.

Un vínculo de confianza

Rosario es una mujer de 85 años, con parkinson y diabetes, que vive sola. Las piernas no le responden bien y no se anima tanto a salir a la calle, pero está bien para su edad. Tiene una chica que le va a limpiar, servicio de teleasistencia y un hijo, de 62 años, que la adora, pero que debido a sus obligaciones solo puede ir a verla una vez a la semana. Yo también voy un día a la semana a verla, normalmente, los miércoles.

A veces, le llevo comida, otras se la preparo allí o me la hace ella. ¡Yo le cocino ñoquis y ella a mí una carrillera estupenda! El vínculo que hemos establecido es de confianza. Al principio, como es normal, Rosario estaba más reticente, más tímida, pero ahora se ríe mucho conmigo e, incluso, escucha música y se pone a bailar. Yo la quiero mucho… Antes nunca me preocupaba del móvil, pero ahora lo tengo siempre cerca por si le pasa algo.

Hablamos muchísimo las dos… Cuando a Rosario no le apetece salir a la calle, nos quedamos en casa viendo la tele o le hago la manicura, que le encanta. Es una amistad bonita, diferente. En una ocasión, estuve mal con mi novio y me lo notó, eso me sorprendió y me gustó. Yo la admiro porque es una mujer valiente y luchadora y me encanta escuchar sus historias de la guerra.

Aunque te aconsejan desde la ong no sobrepasar determinadas líneas, a veces es imposible porque se crea una gran empatía.

Ahora me han cambiado de tienda y voy a hacer todo lo posible para seguir visitando a Rosario. Si dejo de verla, lo pasaría fatal. +Info: www.solidarios.org.es