La diosa del amor que olvidó, pero no olvidaron. Tras protagonizar Gilda, Hayworth se convirtió en la actriz más sexy de Hollywood. La película fue censurada en varios países, incluido España, a pesar de que en su sonado ‘streptease’ la actriz solo llega a quitarse un guante. Fue todo un escándalo.


Decir Rita Hayworth es decir Gilda. No es una sin la otra ni la otra sin la una. Muy a pesar de la propia Hayworth. El personaje al que dio vida en 1946 terminó engullendo a la persona y Rita, que era elegante hasta enfadada, decía: “Mi problema es que todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo”. Ella trató de huir del mito, pero nunca lo logró.

Margarita Cansino Hayworth

Su verdadero nombre, no soñaba con ser actriz. Tampoco con ser bailarina y, sin embargo, terminó siendo la mejor en ambas cosas. La fama, por supuesto, tampoco estaba en sus planes.

Este noviembre se cumplen 85 años de la primera vez que la futura Gilda grabó su primer plano secuencia. No fue en La nave de Satán en 1935, como muchos se creen, sino en la mexicana Cruz Diablo rodada un año antes en la que Margarita interpretaba a uno de los extras que adornaban las escenas. Eran sus primeros coqueteos con la industria que la encumbró. La misma que la convirtió en inolvidable a pesar de que ella sí se olvidó de ella cuando el Alzheimer hizo estragos en su memoria.

Una niña sin infancia

La historia de Margarita Cansino arranca en Brooklyn en 1918. Era hija de un matrimonio de inmigrantes que, como muchos, desembarcaron en la isla de Ellis en busca de un futuro mejor. Su madre, Volga Hayworth, era de origen irlandés; su padre, Eduardo Cansino, español. Bailarín de profesión, el sevillano inculcó a su primogénita su pasión por el baile; con una diferencia: ella no quería bailar.

Sin embargo, poco le importaron al señor Cansino los gustos de su hija y a los 10 años, tras arruinarse en la crisis del 29, la obligó a dejar los estudios y formar con él pareja artística para recorrer los escenarios de América en aras de enriquecerse.

rita hayworth

Una infancia robada

Eduardo la obligó también a hacerse pasar por su mujer para evitar las restricciones que impedían trabajar a los menores. Por eso, le pintó los labios, la subió a unos altos tacones, la vistió con ropa sexy y la explotó profesionalmente hasta la saciedad. Sin ningún escrúpulo y en escenarios de todo tipo, también en aquellos más sórdidos donde el alcohol y la prostitución corrían a raudales. Rita vivió un infierno. Incluso sufrió abusos sexuales por parte de su progenitor.

Aquella infancia robada marcó para siempre a la joven Rita. “Durante los últimos años de su vida, hablaba de su infancia y de todo lo que había trabajado con mucho resentimiento”, contaba su hija Yasmin. Fue por eso, porque necesitaba huir de ese control paterno, que con solo 18 años se casó con Edward Judson, un vendedor de coches 20 años mayor que demostró la misma picardía con sus clientes que con ella.

rita hayworth

Primer fracaso

Por entonces, Rita ya había empezado a probar suerte en Hollywood y fue Judson quien le consiguió su primer contrato con la Columbia Pictures, donde llegó a ser su estrella más cotizada. La ambición de Judson por convertir a su mujer en actriz fue demasiado lejos e incluso la sometió a una dolorosa transformación física que fue desde la electrolisis para eliminar parte del cuero cabelludo de la frente hasta un estricto régimen alimenticio para hacerle perder peso.

Además, le tiñó el pelo de pelirrojo. “Me casé con Edward por amor y él conmigo por hacer una inversión. Digamos que él me ayudó a mí con mi carrera, pero también se ayudó a sí mismo con mi dinero. Durante el tiempo que estuvimos juntos me trató como si no tuviera cerebro y se quedó con mi sueldo”, dijo Rita sobre su primer marido. Se divorciaron en 1942 y la actriz quedó arruinada.

Ha nacido una estrella

Gracias a su contrato con la Columbia Pictures, Hayworth comenzó a rodar películas de gran calado que le abrieron las puertas de la otra gran productora, la 20th Century Fox. Rita comenzaba la década de los 40 convertida en sex symbol y arrastrando esa etiqueta que nunca perdería. Margarita había muerto para dar paso a la actriz mejor pagada de la década, esa de la que hasta el mismísimo Orson Welles se quedaría prendado tras verla en la portada de la revista Life.

Por entonces, ella todavía estaba saliendo de un tormentoso divorcio, pero el talento e inteligencia del director la deslumbró. “La belleza y el cerebro”, los llamaban. La pareja se casó en 1943 y en 1944 tuvieron una hija, Rebecca. Rita se esforzó por encajar en los círculos intelectuales de su marido, pero lo cierto es que siempre lo miró desde un acusado complejo de inferioridad.

Infidelidades

Los problemas entre ellos no tardaron en llegar porque Orson empezó a interesarse más por su trabajo y por la política que por su familia. Amén de algunas otras mujeres que se cruzaron en su camino y que hicieron enloquecer de celos a Rita.

Durante años trataron de salvar su matrimonio, pero en 1947 se divorciaron. Un año antes ella había protagonizado Gilda, había cantado Put the blame on Mame quitándose un guante y su fama se disparó. Se

vio desbordada y la presión, unida a un matrimonio en crisis, derivó en ruptura.

La princesa Rita

Después de Gilda, Rita Hayworth quiso huir de Hollywood, sentía que no podía más e inició un retiro en Europa. Allí la esperaba el príncipe que se iba a convertir en su tercer marido. Fue la periodista Elsa Maxwell quien le presentó a Ali Khan, la pareja se enamoró y se casó en 1949 cuando ya esperaba a su hija Yasmín.

Rita pasó de ser la Diosa de América a ser una princesa en Europa. Tenía todo lo que podía desear menos un marido fiel. Las aventuras de Ali Khan llevaron a la actriz a abandonarlo y regresar con sus dos hijas a Hollywood dispuesta a retomar su vida. No le quedaba otro remedio. Aunque hubiese preferido dejar el cine, su ruptura con el príncipe le había dejado en una delicada situación económica.

Protagonizó entonces películas de poca repercusión. Sin saberlo estaba inmersa en su declive como actriz, pero también como persona. Tras su divorcio de Ali Khan, Rita se refugió en el alcohol, su único compañero fiel.

Sin suerte en el amor

rita hayworth

Enamoradiza, insegura y algo inmadura, Hayworth volvió a casarse dos veces más con dos hombres que tampoco supieron amarla del modo que ella merecía. En 1953 contrajo matrimonio con el cantante Dick Haymes quien se encargó de aprovecharse todo lo que pudo de su nueva esposa. Rita le tramitó la prórroga de su estancia en Estados Unidos y le pagó las deudas que había contraído con su anterior esposa. Terminaron mal, con episodios violentos que marcaron su relación y que llevaron a la actriz a solicitar el divorcio alegando “crueldad física y mental”.

Pero Rita aún volvería a casarse por quinta vez. Lo hizo en 1958 con el director James Hill con quien entró en una destructiva espiral de alcoholismo que llegó a preocupar seriamente a los suyos. En cuanto se casaron, él comenzó a vivir a costa de su mujer y de nuevo la historia de la actriz rica que se arruina volvió a repetirse.

Su divorcio más sonado

Para cuando se divorció en 1961, Hayworth ya daba evidencias de sufrir cierto deterioro cognitivo. Su hija Yasmin y hasta los propios médicos lo asociaron a su adicción al alcohol. Sin embargo, su galopante pérdida de memoria se debía a una enfermedad aún por diagnosticar: el alzheimer.

Sin haber cumplido los 50 Rita Hayworth pasó a ser solo una sombra de lo que fue. Cada vez se hacía más difícil rodar con ella y su deterioro físico era más que evidente. En 1972 se vio obligada a despedirse de su profesión tras el desastroso rodaje de La ira de Dios, donde su incapacidad por recordar una sola línea obligó al equipo a poner a un compañeros tirado a sus pies recordándole el guion. “Desbarraba completamente”, recuerdan sus colegas.

Adiós a Rita

Así, el final de su vida estuvo marcado por una enfermedad cruel que se llevó todos los recuerdos de una actriz que había hecho historia. Se convirtió en la niña que no le dejaron ser, pero con el sufrimiento de saberse superada por ese deterioro atroz. “Para mi madre fue duro ir envejeciendo porque le preocupaba su aspecto.

Además, antes de que se agravase su enfermedad, tuvo que ver cómo el público ya había dejado de tenerla en cuenta”, relató su hija años después de su muerte. Rita Hayworth murió en 1987 en su casa y acompañada de su familia. Ya no era Rita ni Gilda. Solo una anciana maltratada por el mito en el que llegó a convertirse.