La semana de su muerte, en agosto de 1962, en la ciudad de Nueva York se registraron
12 suicidios en un solo día. Una de las notas que había dejado uno de los fallecidos decía: “Si la cosa más hermosa y maravillosa en el mundo no tiene nada por lo que vivir, entonces yo tampoco”.


En efecto, Marilyn Monroe es impuntual y problemática y nunca se sabe los diálogos. Por el contrario, mi tía Minnie siempre llegaría a su hora, memorizaría el guion al dedillo y no daría problemas en el rodaje, pero ¿quién iba a pagar por ver a mi tía Minnie?” El director de cine Billy Wilder definió con sorna quién era Marilyn Monroe.

La mujer que con su caída de ojos sedujo a toda una generación era imperfecta, una mujer vulnerable llena de inseguridades que a base de récords en taquilla calló esas bocas que un día dudaron de su talento interpretativo. Era, en definitiva, una estrella, pero, ¿por qué nunca ganó un Oscar a Mejor Actriz? O peor aún, ¿por qué ni siquiera estuvo nominada? Ni Billy Wilder ni otros directores como Joshua Logan encontraron jamás una explicación convincente y criticaron con vehemencia esa parte injusta del star system que, sin duda, se cebó con la pobre Marilyn.

En su caso, el personaje de rubia tonta se comió a Norma, su verdadero nombre. Monroe acumulaba una amplísima biblioteca y una valiosa pinoteca, pero esta era esa parte de la actriz que convenía ocultar para no desvirtuar a ese personaje superficial en el que se había convertido.

Sus dramas infantiles, sus divorcios y sus adicciones son lo que de verdad hicieron de Marilyn una leyenda. Ni el mejor guionista de su odiado Hollywood hubiera imaginado un final más truculento para su protagonista: Una muerte disfrazada de suicidio en la que no faltaba nadie, ni siquiera la CIA o la familia Kennedy.

La infancia más dura

Hija de madre soltera a la que se le diagnosticó una enfermedad mental que la incapacitaba para cuidar de la pequeña Norma, la infancia de Marilyn transcurrió entre orfanatos, familias adoptivas y cortas temporadas con su madre, a quien un internamiento en un psiquiátrico robó para siempre la oportunidad de ejercer de madre.

A los 12 años la niña sufrió una violación en el entorno de una de sus familias adoptivas que se convirtió en la primera de otras muchas veces en las que comprobaría la maldad que puede entrañar el ser humano. Maduró antes de tiempo y en un intento desesperado por escapar de aquel sórdido mundo que la rodeaba, decidió que la única manera de huir era casarse.
marilyn monroeSolo por eso, en 1942 y con apenas 16 años, Marilyn se casó con su vecino James Dougherty, de 21 años y marine de profesión. La guerra se lo llevó a Australia y fue en su ausencia cuando descubrió que quería cambiar su vida de ama de casa abnegada por la de modelo de anuncios.

Comenzó a hacer sus pinitos en el mundo de la moda -posando desnuda en una ocasión en unas fotos que después ilustrarían el primer número de la revista Playboy- y poco después la 20th Century Fox le ofreció un pequeño contrato. Era un sueño cumplido que, sin embargo, se llevó por delante su matrimonio con ese marine que no quiso renunciar a esa esposa ama de casa con la que él se había casado. “El cine o yo”, planteó Dougherty y Marilyn lo tuvo claro.

La ambición rubia

Así comenzó una tormentosa relación de amor odio con la 20th Century Fox que se mantendría hasta su muerte. Los primeros roces no tardaron en llegar y las exigencias de Marilyn tampoco. Al principio estas parecían tan ambiciosas como ridículas, pero con su popularidad tocando el cielo cuando actuó para las tropas estadounidenses en la guerra de Corea a la Fox no le quedó más remedio que ceder a sus pretensiones. Así se forjó la ambición rubia.

El hombre de su vida

El año que actuó para las tropas se había casado con el deportista Joe DiMaggio, según algunos autores, el único hombre que de verdad la ha querido a pesar de que sus celos enfermizos destrozaron su matrimonio. Joe no pudo soportar la fama de su mujer, pero sobre todo, que ella despertase ese erotismo en otros hombres.

La mítica y memorable escena del vestido blanco sobre las rejillas del metro de Nueva York colmó su paciencia y solo meses después rompieron su matrimonio. Para sí misma quedaron cientos de momentos dignos de olvidar y secretos sobre su relación que prefirió llevarse a la tumba. Esa que, por cierto, DiMaggio visitaría rigurosamente durante más de 20 años tres veces por semana.

Su separación de su segundo marido fue ya un escándalo mediático. Marilyn era ya la actriz más popular de Hollywood y la presión de saberse perseguida no hizo más que aumentar cuando se anunció su boda con el guionista Arthur Miller. Con él se casó el 29 de junio de 1956 y el día de su boda pasará a la historia porque uno de los paparazzi que seguía a la pareja murió accidentalmente.

marilyn monroe

La mujer más triste

Con Miller vivió lo mejor y lo peor. Se casó enamorada y convencida de que ahora sí había encontrado al amor de su vida y al padre de sus hijos. No pudo ser. Sufrió un aborto espontáneo que debilitó aún más su salud mental y una confesa adicción al alcohol y a los barbitúricos que la hicieron ingresar en varias clínicas psiquiátricas terminaron de cargarse su malogrado matrimonio. “¿Puede un hombre sonreír cuando contempla a la mujer más triste del mundo?”, se repetiría Miller varias veces.

El descenso a los infiernos ya era irrefrenable. Tras una década exitosa que hizo historia en el cine, en los 60 Marilyn echó por tierra su carrera. Se ausentaba de los rodajes, olvidaba el texto y su actitud altiva hacía insoportable las relaciones con el resto de sus compañeros. La estrella de Marilyn se apagaba para siempre.

Su idilio con Kennedy

Sin embargo, un nuevo lío de faldas convertiría ahora sí de manera definitiva a Marilyn en todo un mito. Durante ocho años, Monroe mantuvo un fogoso e intermitente affaire con el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, que terminaría por destruirla. Antepuso aquel idilio a todo y por eso, cuando el cine le daba su enésima oportunidad, decidió escaparse del rodaje de Something’s got to give para cantar un sensual “cumpleaños feliz” a Kennedy que pasó a la historia del cine y, por qué no, también de la política.

Esa noche en el hotel Carlyle de Nueva York sería la última que ambos compartirían. “Se acabó, Marilyn. No debes ponerte en contacto de nuevo con el Presidente. No debes volver a verlo, ni llamarlo por teléfono. Solo has sido un polvo para Jack”, le dijo Peter Lawford, cuñado y celestino de Kennedy, a Marilyn después de aquella fiesta consciente de que para la actriz rubia Kennedy se había convertido en una obsesión.

Solo tres meses después de aquello, Marilyn Monroe fue hallada muerta en la cama de su domicilio. Yacía desnuda, descuidada -sin depilar y con el pelo sin teñir- y con el pestillo de la puerta echado. Su vida se apagó a las 4:55 de la madrugada para dar pie a la leyenda.

La polémica autopsia

La autopsia decretó que la actriz había fallecido por una sobredosis de barbitúricos -se hallaron más de 40 pastillas en su estómago- y hablaba de un “probable suicidio” que aún hoy no se ha esclarecido.

La casa de Marilyn Monroe era desde hacía meses vigilada por la CIA, las sábanas de su cama aparecieron, al llegar la policía, limpias y recién cambiadas y a esa hora de la madrugada la lavadora centrifugaba para lavar toda la ropa de esa mujer bella, inestable y por siempre insatisfecha.

Medio siglo después de su muerte, la imaginación sigue volando en torno al mito. “Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la Segunda Guerra Mundial. Ella guarda cierta semejanza con esa guerra: era el infierno, pero merecía la pena”.