Con 21 años, la vida de Flore Espina se truncó a raíz de un accidente tras el que perdió su pierna izquierda. Lejos de hundirse, decidió aprovechar esta segunda oportunidad. Hoy lucha por competir como amazona de doma paraecuestre.


Desde niña, Andalucía y montar a caballo se convirtieron en sus dos grandes pasiones. Por ello, a los 19 años, Flore Espina (33) decidió dejar su Suiza natal e instalarse en España para comenzar una nueva vida. Pero dos años después, un accidente de tráfico truncó sus planes, ya que, por un cúmulo de desgracias, perdió la pierna izquierda.

Positiva y luchadora, se tomó esta jugada del destino como una segunda oportunidad que le regalaba la vida y la aprovechó. Flore, madre de un niño de seis años, acaba de terminar sus estudios de Veterinaria y se ha propuesto un reto: competir como amazona de doma paraecuestre. No tiene ni dinero ni padrinos, pero sí mucha ilusión y gente detrás que cree en ella y la apoya. Su testimonio es una lección de vida.

“Siempre pasaba las vacaciones en Caños de Meca (Cádiz) y continuamente decía que me quería quedar allí. A los 19 años, cuando terminé el Bachillerato en Suiza, decidí venirme. Mi madre me dio su visto bueno, pero me dijo que me tendría que buscar la vida por mi cuenta. Yo monto a caballo desde los 4 años, así es que empecé a trabajar en España como amazona. Cuando tuve el accidente, estaba a punto de entrar en la universidad, pero mi vida fue por otro camino.

Iba en una scooter y un coche se saltó un ceda el paso en una rotonda y me atropelló. Yo no tenía nada grave. Se trataba de una fractura abierta en tibia y peroné, pero fue en agosto, los médicos estaban muy ocupados y me dijeron que en diez días me operarían. El caso es que me metieron los huesos hacia dentro y una arteria se quedó atrapada. Como no me hicieron ninguna prueba vascular, la pierna se gangrenó.

Cuando me trasladaron a Cádiz, no solo me tenían que amputar la pierna, mi vida también corría peligro porque la infección estaba muy diseminada y me empezaron a fallar los órganos internos. El primer mes entré 21 días seguidos en el quirófano, ya que iban saneando poco a poco porque la infección iba subiendo.

Estuve cuatro años de pleitos. Me tenían que haber hecho la prueba vascular en las seis primeras horas y no me la realizaron hasta el octavo día. El caso se archivó y lo recurrimos, pero cuando lo hicieron por segunda vez, ya no tenía ni dinero ni fuerza ni ganas para seguir. Necesitaba pasar página. Tenía 21 años y eran muchas cosas de golpe… Al principio, fue muy duro porque estaba en una época en la que era la reina del mambo, joven, con muchos amigos y una intensa vida social y, de repente, cero.
Pero ese estado me duró poco. Tenía la sensación de que la vida me había dado una segunda oportunidad para hacerlo bien y tratar de ser feliz. Aunque soy joven, me han pasado muchas cosas duras en la vida y esta ha sido siempre mi manera de encararlas.

Además, la cantidad de personas que se volcaron en mí dentro del hospital durante los tres meses que estuve ingresada me dieron mucha fuerza. Entre su ayuda y yo, que tenía esa sensación de sentirme afortunada, tiré hacia adelante. Quizá lo más duro era la mirada de algunas personas… Había gente que al verme se me ponía a llorar en la calle.

En mi rehabilitación, los caballos han sido fundamentales. La que me daban en el hospital no me servía, porque yo venía de un nivel de ejercicio físico muy alto y no progresaba. A los pocos meses de salir de allí, conocí a una mujer que me propuso volver a montar aunque no tuviera prótesis. Durante el primer año, no pude llevarla porque lo que quedaba de la pierna estaba completamente roto. Acepté y fue muy terapéutico tanto física como psicológicamente. Así retomé mi pasión.

Ahora entreno cuatro días a la semana porque mi intención es competir en doma paraecuestre, algo que nunca he hecho. Tengo mucha ilusión con este proyecto. Competiré con personas con discapacidad de grado quinto, que es el más leve. Espero que todo salga bien e ir a europeos el año que viene si hay suerte.

El problema es que la hípica es un deporte muy elitista y no me lo puedo permitir con la pensión que cobro. Por eso he ido tocando puertas para ver quién me podía ayudar y mucha gente ha aportado su granito de arena.

Recientemente he abierto un nuevo crowfunding, Cuando los sueños se hacen realidad (Gofundme.com/6tg1yig), para poder competir en 2019, ya que los gastos representan alrededor de 10.000 euros. Con el primer crowfunding, logré el dinero para la prótesis que necesitaba, que costaba más de 8.000 euros. La Seguridad Social solo me da una receta al año que equivale a 1.700 euros, que se me van en los complementos que requiere la prótesis.

Recientemente, una marca me ha regalado una carcasa para mi pierna. Me siento muy cómoda con ella. Se ve claramente que es ortopédica y es una forma de reivindicar que soy diferente y no pasa nada.

Por otra parte, hay una yeguada, Valdesol, que me ha cedido un semental, Quincel, que el año pasado ganó todo en su categoría. También hay empresas que me ceden gratuitamente el pupilaje, la comida del caballo, el material para competir y el herraje.
El hecho de que me falte una pierna no ha supuesto para mí una barrera. Las barreras se las pone uno mismo. Los límites están solo en tu cabeza.

Mi hijo vive todo esto con normalidad. Él está muy orgulloso de que su mamá sea como una superheroína y se pueda cambiar de pierna. Se lo cuenta a sus amigos. Si yo lo viviera de forma dramática, él también lo haría.

Hago todo tipo de deportes: surf, escalada, kayak… Yo siempre digo que primero hay que intentarlo, porque somos capaces de mucho más de lo que pensamos. Pero hay actividades que descarto porque sé que pueden conllevar un riesgo y un empeoramiento de mi estado, como el snow, que antes si lo practicaba.

Hace un mes, desfilé en Simof para la diseñadora Aurora Gaviño. Era la primera vez que me subía en una pasarela y pasé muchos nervios, pero estuvo muy bien. Es una forma de darle visibilidad y normalidad al colectivo. Es importante que haya diversidad y que la gente vea que ser diferente no es malo. A mí ya no me afectan las miradas de la gente porque me siento bien conmigo misma, pero si no estás bien, eso te machaca.

Soy consciente de que he cambiado. Ahora soy más luchadora que antes de sufrir accidente.

Quiero demostrar a los que me rodean que soy capaz de conseguir lo que me propongo. Siempre intento quedarme con lo importante de la vida y no dar valor a las tonterías. En cuanto a mi vida personal, en este momento no tengo pareja sentimental y me siento completamente plena. Vengo de una relación muy complicada y, para mí, no es una meta. Pero si encuentro a alguien por el camino que me quiera acompañar, también será fantástico.

Lo que sí tengo, afortunadamente, es muchos y buenos amigos. Ellos han sido mi gran apoyo tras el accidente. Yo, por mi parte, también procuro darles mi energía positiva.

En cuanto a mi familia, reside en Suiza y la veo muy poco. A mi madre, que estuvo a mi lado los meses posteriores al accidente, procuro verla 3 o 4 veces al año. Y mi padre… vive en España pero no tenemos ningún contacto.

¿El futuro? Espero que el viento acompañe un poco. El próximo 30 de marzo, tengo mi primera competición. Quincel no es un caballo fácil para mí, porque viene de unas manos muy expertas y yo no he competido nunca. Pero hay mucha gente que ha apostado por mí y voy a poner todo mi empeño. También cuento el apoyo la Federación Española de Hípica, que me está ayudando mucho. ¡Vamos a por ello!