A veces las buenas acciones no tienen las recompensas esperadas. Esto fue lo que le
ocurrió a Luis Spahn, un trabajador de telefonía argentino quien encontró de forma casual
un manojo de cheques por valor de más de 36.000 dólares. Al devolverlos a su propietario,
la sorpresa en forma de recompensa fue de lo más curiosa.

El pasado 13 de enero, Luis Spahn se dirigía hacia el trabajo en su vehículo por la conocida
Ruta Provincial 70 en Santa Fe (Argentina). Cuál no sería su sorpresa cuando, a la altura
de la localidad de Esperanza, se encontró con un manojo de cheques por un importe de
2.170.000 pesos (más de 36.000 dólares).

La mayoría de los cheques llevaban el nombre de su portador y habían sido emitidos por
una empresa de herramientas de Santa Fe. La primera idea de Luis fue sin duda
devolverlos, ya que contaba con la suficiente información para ello. Así pues, se puso en
contacto con la empresa portadora y les devolvió los cheques.

La recompensa más curiosa
Una vez allí, la propia empresa le informó a Luis que los cheques pertenecían a un
comisionista que precisamente los había perdido ese mismo día nada más salir de la
empresa. Pero lo más curioso del caso viene ahora.

La empresa de herramientas de Santa Fe quiso premiar el buen hacer de Luis con una
pequeña recompensa y le hizo entrega a este de una pala de punta. Sí, la tradicional
herramienta de mano utilizada para excavar o mover materiales.

A pesar de esta recompensa, Luis no se mostró enojado por ello sino todo lo contrario. Sus
palabras a los medios locales así lo atestiguan: “Sé que mucha gente, cuando tuvo noticia
de la recompensa que me dio la empresa, se lo tomó a mal, pero yo realmente no estoy
enojado por ello”.

“A decir verdad”, continuó diciendo Luis, “les devolví los cheques de buena fe, no esperaba
ninguna recompensa por ello. Solamente me resultó curioso el regalo y de ahí la
trascendencia de la noticia”.

El único inconveniente a todo esto, según ironizó el propio Luis, es que aún no sabe qué
utilidad le va a poder dar a la pala, ya que él vive en un piso y no tiene ni un pequeño
terreno. Nunca llueve a gusto de todos.