El restaurante se ha sumado a la causa actual provocada por el COVID-19 y pretende ayudar a los ciudadanos contribuyendo a que puedan conseguir lo esencial, como leche y pan. Los supermercados están vacíos, y el pánico ha hecho que mucha gente desaloje los estantes de las tiendas por miedo a quedarse sin suministros durante el coronavirus.


Por este motivo, los restaurantes McDonald’s de todo el país venderán pan y leche en el drive-thrus de toda Australia mientras dure la pandemia. Los restaurantes han permanecido cerrados desde el pasado 23 de marzo, solo reparten bebida y comida para llevar a través de los drive-thrus, cumpliendo así con las reglas de distanciamiento social.

Ahora lo seguirá haciendo, pero también podremos obtener alimentos básicos como leche y pan. Un portavoz de McDonald’s declaró que los productos de primera necesidad estarán disponibles a través de su drive-thrus a partir de este miércoles y en todo el país.

Este servicio llega precisamente cuando los supermercados de toda Australia tienen sus estantes vacíos a causa del pánico provocado por el coronavirus. Mucha gente se dedicó a llenar la casa con productos como, por ejemplo, papal higiénico y huevos.

“Como parte de nuestro compromiso de continuar apoyando a las comunidades locales durante estos tiempos de incertidumbre, Macca's ofrecerá ahora a los clientes otra forma de acceder a la leche y el pan, a través de su servicio de recogida y entrega sin contacto en todo el país”, confirmó un portavoz del restaurante a los medios de comunicación australianos.

Será a partir de este miércoles cuando los australianos podrán comprar, además de su menú habitual de Macca’s, botellas de dos o tres litros de leche entera o desnatada, paquetes de panecillos ingleses o panecillos gourmet.

“Nuestro servicio sin contacto elimina cualquier necesidad de relación entre nuestros empleados y clientes, haciendo que sea una forma segura para que la gente obtenga comida y bebida, así como estos básicos esenciales”, añadió el portavoz.

El pánico a la hora de comprar a principios de este mes obligó a los supermercados a imponer restricciones muy estrictas a la compra de productos esenciales como pasta, arroz, huevos, jabón y papel higiénico.

Por su parte, el Primer Ministro Scott Morrison ha prometido castigar a los compradores que arrasen con las estanterías de los supermercados para vender luego los productos online con fines lucrativos.

Además, confesó que el gobierno estaba en trámites de hacer ilegal la compra de grandes cantidades de ciertos artículos para luego exportarlos al extranjero. También el Ministro del Interior Peter Dutton prometió duras consecuencias para todo aquel que estuviese almacenando alimentos, papel higiénico y demás productos.

“Vamos a caer como una tonelada de ladrillos sobre esos individuos, porque creo que son los que han creado este patrón de comportamiento de acaparamiento y limpieza de estantes”, declaró Peter Dutton en una emisora de radio.

David Littleproud, Ministro de Agricultura, afirmó que Australia produce suficientes alimentos para dar de comer a unos 75 millones de personas, es decir, tres veces la población de la nación. Con ello ha querido apaciguar a los ciudadanos haciéndoles ver que no habrá escasez de comida. “No hay riesgo de que tengamos problemas de seguridad alimentaria”, fueron sus palabras en un periódico local.

También señaló que la única presión actual a las cadenas de suministros proviene del pánico de la gente que compra de manera compulsiva e innecesaria, no porque en verdad haya escasez.

“Necesitan respirar profundamente, darse una ducha fría y entender que, si compran normalmente, entonces los estantes estarán abastecidos normalmente”, corroboró David Littleproud.

La cadena de supermercados Coles ha anunciado en una página entera de un periódico que hay límites a la hora de comprar papel higiénico, pasta, harina, huevos, carne, jabones y desinfectante para manos.

Por su parte, la empresa australiana Woolworths también está limitando la compra de productos similares con reglas muy parecidas a las impuestas por los supermercados Aldi, incluida la leche fresca refrigerada.