La actual situación de pandemia mundial por coronavirus que estamos afrontando se ha convertido en una dura prueba para la unidad de la Unión Europea. Pero una pequeña ciudad fronteriza alemana está fracasando es este cometido, pues ha aumentado la agresión de la gente local hacia los visitantes extranjeros.


 trata de los habitantes de Gersheim, que han vivido codo con codo con los habitantes franceses que, durante más de dos décadas, han cruzado la frontera simbólica entre los dos estados miembros de la Unión Europea sin apenas darse cuenta de ello.

Sin embargo, a mediados de marzo esta situación cambió por completo y la frontera imaginaria se hizo real, ya que Alemania aisló a sus vecinos en un intento de detener la propagación del COVID-19 cerrando sus fronteras. Las únicas excepciones fueron las entregas de mercancías y aquellos que vivían en el extranjero, pero tenían sus puestos de trabajo diario dentro de Alemania.

Sin embargo, debido al aislamiento que se ha provocado por el estado de alarma, los viajeros fronterizos ya no son bienvenidos en Gersheim. Y es que la preocupación por la salud ha sido más fuerte que la amistad de estos pueblos vecinos, sobre todo después de que los alemanes se enterasen de que su pueblo francés vecino estaba en la peor región afectada por coronavirus.

Gran Est, o el Gran Este francés en español, zona a la que pertenece Sarre, este pueblo francés, ya ha reportado ya más de 2.000 muertes debido al COVID-19. Mientras tanto, el número de muertos en su adyacente estado alemán de Saarland la cifra está un poco por encima de 40. Por este motivo, la alerta ha sido todavía mayor.

De hecho, las cosas se pusieron tan mal entre ambos pueblos que el alcalde de Gersheim, Michael Clivot, se vio obligado a grabar un vídeo dirigido a su gente el pasado jueves para intentar hacerles entrar en razón.

Michael Clivot declaró en una página web que: “Nuestros amigos franceses han sido insultados en las calles, supermercados y farmacias. A algunos les escupieron y les tiraron huevos, mientras que a un visitante se le instó a ‘volver a su país del coronavirus’”.

Ante esta situación, la cónsul francesa de Sarre, Catherine Robinet, confirmó los arrebatos de agresividad contra sus compatriotas y confesó que: “Hay una atmósfera tensa en algunos lugares cerca de la frontera”. Incluso afirmó que algunos de los empleados franceses en empresas alemanas han sido acosados en sus puestos de trabajo.

No obstante, Michael Clivot no solo culpa a los ciudadanos de Gersheim por estos hechos, sino también al gobierno federal de Berlín. El alcalde insiste en que el cierre de las fronteras fue un error, ya que “lo que necesitábamos era una acción conjunta con Francia”, dijo.

Michael Clivot fue respaldado por la Ministra de Economía de Sarre, Anke Rehlinger, quien afirmó en Twitter lo siguiente: “Nuestros corazones están sangrando por las fronteras cerradas con Francia y Luxemburgo”.

En mitad de esta tensa situación, el gobierno federal se disculpó con Francia por la reacción de los ciudadanos alemanes, pero no por el hecho de que las fronteras estén cerradas. El Ministerio de Relaciones Exteriores alemán, Heiko Maas, señaló en Twitter: “El coronavirus no sabe nada de la nacionalidad. Es lo mismo para la dignidad humana”.

“El comportamiento de los ciudadanos que cedieron al pánico por el COVID-19 e insultaron a los visitantes franceses fue completamente inaceptable”, escribió Heiko Maas. Y además añadió que “todos estamos en el mismo barco”. Sin embargo, todavía no se ha mencionado nada sobre la reapertura de las fronteras alemanas, por lo que seguirán así hasta que la situación se estabilice.