Historias de mujeres: “El ajedrez nos enseña, como la vida, que el fracaso es parte del aprendizaje”


Dice que el amor es el motor que todo lo mueve y que todo lo puede. Y ella está enamorada de su profesión. “Antes, cuando me preguntaban decía que era licenciada en Derecho, pero desde hace ya algunos años me presento directamente como ajedrecista”, nos cuenta.

Pero a Sabrina Vega Gutiérrez esa definición se le queda pequeña. Nacida hace 33 años en Las Palmas de Gran Canarias, Sabrina es Gran Maestro Femenino de Ajedrez ha sido siete veces campeona de España, cuatro de ellas consecutivas (2017, 2018, 2019 y 2020), subcampeona de Europa en 2016, ha participado en ocho Olimpiadas de Ajedrez y ocho campeonatos Europeos de Selecciones…

Además, en 1997 el Consejo Superior de Deportes la nombró deportista de alto rendimiento y pertenece al Grupo de Alta Tecnificación de la Federación Española de Ajedrez (FEDA).

Un curriculum impresionante en un mundo para muchos desconocido, el de la mujer en el ajedrez, y que la serie Gambito de dama ha puesto de moda.

Una vocación

Hay muchas diferencias entre Sabrina y la protagonista de la serie, Beth Harmon (a quien da vida Anya Taylor-Joy), pero las dos comparten esa pasión por el tablero y un comienzo precoz.

“Me inicié en el mundo del ajedrez a los 8 años, y prácticamente desde el primer día se despertó en mi la vocación y la pasión por este deporte, por encontrar la belleza y la verdad en el tablero y por crecer ante los retos. El camino ha sido intenso, quizás no siempre fácil, pero ha valido la pena”, asegura.

Tanto que si pudiera volver atrás no cambiaría nada. “Somos consecuencia de nuestro pasado y alterarlo podría influir en nuestro presente y en el futuro. Estoy contenta de haber llegado a tener la familia que tengo, y los amigos y los compañeros que han estado cerca de mí siempre.

Lo que he logrado y lo que he podido aportar con el ajedrez a nivel social, si he aportado algo, hace que esté muy contenta con mi trayectoria. Pero no todo lo que transmite el ajedrez es la parte técnica. También es una cuestión vital que tiene que ver con crecer y madurar como personas”, dice.

Las lecciones y los valores que ha aprendido del ajedrez

De hecho, Sabrina tiene claro cuál es una de las lecciones más importantes del ajedrez; “Una de las cosas más hermosas, o uno de los valores más importantes que transmite es el reconocer el error o el fracaso momentáneo como parte fundamental del camino del aprendizaje. Como en la vida.

Es básico el aceptarlo como parte natural de nuestro juego y encajarlo con un espíritu fuerte, que se va forjando como una forma de afrontar los retos. Eso te ayuda también a superar la frustración porque además entiendes que es imposible hacer una partida absolutamente perfecta. No la hay”.

Bajo su dulce acento canario y su tono pausado, Sabrina es una mujer fuerte, consciente del mundo en el que vive y una firme defensora de los derechos de la mujer. Algo que hace apenas un año la llevó a tomar una decisión que tuvo inesperadas consecuencias. La joven renunció a participar en el Campeonato Mundial de Ajedrez celebrado en Arabia Saudí (y que tenía un importantísimo premio económico) debido a la situación de la mujer en ese país.

Entre otros factores, no quiso aceptar la imposición de disputar el torneo con velo, o la prohibición expresa de salir a la calle sola…

Ese gesto, al que se unieron otras ajedrecistas femeninas, como la campeona del mundo en esos momentos, la ucraniana Anna Muzychuck (aunque no todas), le valió a Sabrina el Premio Reina Sofía, otorgado por el Consejo Superior de Deportes (CSD) que reconoce “un acto relevante de nobleza o juego limpio, o que ayude a erradicar la violencia en el deporte”.

Rompiendo moldes

Sabrina es consciente de que el ajedrez ha sido tradicionalmente un deportes pero ella, y mujeres como ella, luchan contra los estereotipos.

“Si no hubiese tenido el apoyo de mi familia, que siempre estuvo ahí para darme calor, o unos pilares tan fuertes me habría pasado lo que a muchas compañeras, que a los 14-16 años dejaron el ajedrez.

El hecho de ser mujer sí que puede influir de alguna manera, pero bueno, creo que estamos en el buen camino para conseguir algunos aspectos y dar mayor visibilidad. Sobre todo para que haya referentes femeninos, que no solo despierten la curiosidad de las niñas a la hora de iniciarse en este deporte, sino que también demuestran y ponen de manifiesto que puede haber una continuidad si lo de-sean.

Confío en que cada vez se vaya despertando más el papel de la mujer en las diferentes esferas sociales y que se corrija un poquito esta situación. Además, si no ves deporte femenino te estás perdiendo la mitad del espectáculo”, dice rotunda.

Unión con el tablero

Sabrina, que en octubre de 2016 llegó a ganarle una partida al mítico Anatoly Karpov, dice que el ajedrez le ha dado mucho. “He tenido la suerte de poder disfrutar de unas experiencias y unas vivencias preciosas, he podido viajar y compartir culturas, amistades tanto dentro como fuera del tablero… Yo creo que esa unión que tengo con el tablero siempre me ha acompañado, así que no siento que haya renunciado a nada, al contrario”.

Y añade; “Siempre he creído que el deporte en general y el ajedrez en particular en mi caso, tiene una implicación social importante como transmisión de valores y me gusta pensar que en ese terreno he podido aportar un poco. De hecho, parte de todos estos años de trayectoria ajedrecística me he podido acercar también a la parte de la enseñanza de las nuevos generaciones, y me encanta”.

Pero también quiere romper con la imagen del jugador sedentario, pegado a un tablero. “El ajedrez es mi pasión y también mi trabajo. Intento hacer una jornada laboral normal, complementándolo con ejercicio físico, fundamental para aumentar la resistencia en las partidas largas. Mientras mantenga la misma ilusión, el ajedrez seguirá siendo parte de mi vida”.