Da mucha rabia tener que tirar comida a la basura después de lo que cuesta hacerla. Siguiendo estos sencillos consejos, además de ayudar a cuidar el medio ambiente, tu salud y tu economía te lo agradecerán.


Más vale que sobre que no que falte. Esa es la máxima que tradicionalmente rige las celebraciones y reuniones que organizamos en nuestro país en torno a una mesa rebosante de comida, sin pensar que luego, la gran mayoría de las sobras irán a parar a la basura.

El 42 % del total del desperdicio alimentario que se registra en la cadena agroalimentaria se produce en las casas de los consumidores. Por ello, tal y como defiende la Asociación de Empresa de Gran Consumo (AECOC), en la que participan más de 400 organizaciones, que lidera el proyecto La alimentación no tiene desperdicio, los consumidores debemos contribuir haciendo un uso eficiente y responsable de todos los recursos disponibles.

En España desperdiciamos anualmente 7’7 millones de toneladas de alimentos, ocupando el séptimo lugar de Europa. Y es que el desperdicio alimentario es un grave problema que afecta mundialmente a nivel económico, social y humanitario. Como muestra, un dato: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirma que los desperdicios de alimentos producen más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Las soluciones deben tomarse a nivel global, porque se están gastando innecesariamente recursos del planeta, pero, como aseguran desde AECOC, todos podemos aportar nuestro granito de arena.

Cocina de reciclaje

Un estupendo recurso es dar una segunda vida a los excedentes reutilizándolos mediante una cocina de reciclaje. Así, además de no tener que tirar los alimentos a la basura, ahorrarás y te alimentarás de una forma saludable.

Los restos de verduras, hortalizas y legumbres pueden ser aprovechados convirtiéndolos en un sano puré o crema. Y no te olvides del gazpacho, que además de ser de lo más refrescante para el verano, es una magnífica opción para que no se echen a perder los tomates, pepinos y pimientos.

La carne, pollo o pescado que te hayan sobrado aprovéchalos para hacer croquetas, empanadillas, empanadas, canelones, pimientos rellenos, ensaladas y sopas.

Si tienes mucha fruta o piezas muy maduras, prepara mermeladas, macedonias y vitamínicos smoothies o utilízalas de aderezo para tartas. Otra opción es guardarlas en almíbar para degustarlas más adelante.

Aprovecha esa cuña de queso que ya se ha quedado duro para rallarlo y utilizarlo para aderezar pastas o ensaladas. También puedes acumular restos de queso y hacerte tu propia fondue casera.

Los yogures que estén a punto de pasarse de fecha, utilízalos para hacer deliciosas salsas para las ensaladas.
Evita que se te caduquen los huevos. Cuécelos y rellénalos de atún o échalos en ensaladas, sopas o purés. También los puedes hacer revueltos con restos de verduras, carnes o pescados además de realizar estupendos postres.

En el caso de que tengas demasiada salsa, por ejemplo de tomate, congélala en botes pequeños para utilizarlos según te vaya haciendo falta.

Las lonchas de fiambre que se están quedando secas pueden conformar una estupenda pizza casera o tal vez un quiche.

Si has hecho pasta o arroz para un regimiento, apártalo antes de echar el aderezo, guárdalo en la nevera y úsalo al día siguiente para preparar ensaladas o como guarnición de carnes o pescados.

Las patatas cocidas sobrantes tienen mil y un aprovechamientos: puré tradicional, ensalada campera, ensaladilla rusa, tortilla, guarnición para guisos y como aperitivo con salsas varias.

No tires el pan duro. Se puede reconvertir en picatostes para cremas y gazpacho, aderezo para las sopas de ajo, tostadas, torrijas y también pan rallado.

El cocido tiene mucha vida. Con los restos rehogados puedes hacer ropa vieja o si los trituras, enharinas y fríes, la bola. También hummus, con los garbanzos.

7 Consejos prácticos para no malgastar comida

1- Revisa los alimentos que tienes en la nevera y en la despensa, antes de ir a la compra.

2- Evita comprar a última hora y con prisas. Recuerda que los congelados se cogen al final.

3- Transporta los alimentos congelados y refrigerados en las bolsas indicadas para ello.

4- Si quieres congelar las sobras de tus guisos, mételas en un táper hermético, procura que se enfríen lo más rápido posible e introdúcelas en el congelador de forma inmediata.

5- Coloca correctamente los alimentos en el frigorífico: abajo, en la zona más fría, los alimentos perecederos, y en la parte superior, el resto.

6- Mantén limpia tu nevera y comprueba periódicamente la caducidad de los alimentos.

7- Haz a principio de cada mes un menú base para las comidas principales.

Antes de salir a comer o cenar fuera de casa, asegúrate de que eso no suponga que se te eche a perder algún alimento. En los restaurantes, pide la cantidad adecuada. Si te has quedado corto, siempre puedes pedir después más. Solicita un táper para llevarte la comida que te sobre. Te puede servir para ahorrarte preparar una comida o cena.