Tanto el optimismo como el pesimismo, cuando son rasgos de personalidad fabricados de hormigón armado, dan forma a nuestro ‘ser’, manteniéndonos en esta estructura para el resto de nuestra vida.


Aunque también pueden ser ‘estados’ de reacción, de conducta, de carácter. Ser pesimista u optimista no se elige, lo que sí se elige es decidir actuar con pesimismo u optimismo dependiendo de la realidad que tenemos delante y de cómo queramos interpretarla”, indica Pilar Guerra, psicóloga clínica.

  • Una persona con rasgo pesimista es aquella que tiende a pensar que las cosas no van a salir bien. Están inmersos en un estilo de pensamiento caracterizado por una tendencia innata a poner el “no” por delante. No hay otra posibilidad. Los pequeños detalles cotidianos los describen con quejas, tristeza y una energía a veces muy difícil de entender por los que conviven a su alrededor.
  • Por el contrario, una persona optimista actúa siempre con una predisposición a analizar y comprender la realidad desde los aspectos positivos. Su día a día se expande con una expectativa positiva, y ponen el foco en que las cosas van a salir bien. Creen en su energía para mover el mundo y en que tienen posibilidad de éxito si mantienen esa idea del fluir natural de las cosas. Si algo puede salir bien, ¿por qué no va a salir bien?
  • Ambos comportamientos tan diferentes son estilos de personalidad que preparan a las personas para que tengamos una herramienta que haga de mediadora entre los acontecimientos inesperados de la vida, y la interpretación que hacemos de los mismos.

Tu actitud importa

Con la llegada del otoño e invierno, los días se vuelven más cortos, hay menos horas de luz, llega el frío y las lluvias nos acompañan con mayor frecuencia. Cambia nuestro humor y vivimos con mucha queja a nuestro alrededor. Para evitar que la negatividad y el pesimismo se apodere de ti, prueba esto: ten una libreta junto a tu cama y nada más despertar anota tres cosas por las que estás agradecida ese día.

Puede ser que tienes salud, que tu perro está a tu lado o que el finde tienes una gran cita. Ver las cosas buenas que tienes a tu alrededor te ayudará a afrontar el día con mejor actitud.

Una diferencia fundamental en el día a día

La persona pesimista, al pensar siempre que las cosas saldrán mal, reduce su esfuerzo al mínimo y se concentra más en cómo evitar la dificultad, desvinculándose lo antes posible del problema en cuestión.

Sin embargo, esto al final se traduce en un gran aumento de la ansiedad y el estrés, preocupaciones excesivas y una tendencia a paralizarse ante el miedo de enfrentar un evento que ya en su mente presupone que saldrá mal.

Desventaja
Raramente consiguen sus objetivos porque abandonan en cuanto las cosas se complican. Esto ocurre porque tienen una autoconfianza baja y no creen en sus capacidades para superar las adversidades.

Lo que diferencia a los pesimistas defensivos del resto de pesimistas es que estos últimos simplemente abandonan por miedo a que el fracaso se haga realidad. Por el contrario, los pesimistas defensivos utilizan este miedo como motivación para ir preparados de antemano ante lo peor que pueda ocurrir. Afrontar y prevenir enfermedades, prepararse para determinadas noticias, o para una situación de crisis como la de ahora.

Ventaja
Les permite anticiparse y prepararse mejor. Esta estrategia suele ser adoptada por algunas personas proclives a la ansiedad con el objetivo de ser más productivos en su vida personal y profesional.