Todas las traiciones son dolorosas, pero cuando el responsable es alguien de tu familia, resultan especialmente crueles. Que te engañe alguien a quien quieres y en quien confías te causa
una herida que, a veces, no cicatriza nunca.


Yo tenía 21 años cuando empecé a salir con Carlos. Es cierto que al principio podía parecer el típico niñato creído, pero cuando lo conocías, veías que tenía muy buen fondo. Era mayor que yo y trabajaba en una agencia de publicidad, era guapo, extrovertido y yo estaba loca por él.

Pero mi hermana pequeña, Esther no lo soportaba. Ella es cinco años menor, tenía entonces 16 años y creo que estaba un poco celosa. Nosotras éramos uña y carne y con la llegada de Carlos reconozco que la dejé un poco de lado, se sintió desplazada y eso hizo que le cayera aún peor mi novio.

El tiempo no suavizó las cosas, y el distanciamiento entre mi hermana y yo se hizo mayor. Carlos y yo nos casamos en cuanto acabé la universidad, a él le ofrecieron un trabajo mejor en Madrid y nos mudamos desde Valencia.

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Pidiendo un favor

Decidimos esperar un poco antes de tener niños, porque queríamos disfrutar de la relación y yo encontré trabajo. Teníamos dos buenos sueldos y salíamos, viajábamos… Éramos muy felices.

Y un día me llamó Esther y me dijo que necesitaba un favor, quedarse en casa un tiempo porque había aprobado unas oposiciones, le había tocado Madrid y necesitaba un sitio para quedarse mientras buscaba piso. Y, claro, le dije que sí.

Al principio tenía mis reservas, porque pensaba que mi hermana seguía teniendo a Carlos enfilado, pero me alegró ver que no era así.

Ella había madurado y fue genial ver que se llevaban bien. Fue Carlos quien la ayudó a buscar piso y a montar los muebles. Eso coincidió además con una etapa de mucho trabajo para mí y saber que Esther podía recurrir a mi marido para que la ayudara era un alivio.

No lo vi venir. De hecho sigo aún sin creérmelo. Lo único que puedo decir en su defensa es que me lo dijeron ellos antes de que los pillara yo. Resultó que Esther nunca había odiado a Carlos, al contrario. Siempre le había gustado. Y no paró hasta que me lo quitó. Porque hizo eso, quitármelo.

Me dijeron que estaban enamorados, que habían luchado contra sus sentimientos y todas esas tonterías pero, la verdad, me dio igual. ¿Qué clase de persona le hace eso a su hermana?

Carlos y Esther se fueron a vivir juntos y ella se quedó embarazada enseguida. Yo no he vuelto a hablar con mi hermana y, salvo con mis padres, no tienen relación con nadie de mi familia. No conozco a mis sobrinos, no quiero saber nada de ellos… He intentado superarlo, lo juro, pero soy incapaz de pasar página y seguir adelante. Pienso en su traición y me quiero morir.

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“perdimos la casa por culpa de nuestro hijo”

Fui madre cuando estaba a punto de cumplir 40 años y fue un milagro tener a mi hijo. Supongo que por esa razón mi marido y yo lo sobreprotegimos. Pensábamos que hacíamos lo mejor para él, pero está claro que no fue así. Al contrario. Ahora veo que criamos a un niño egoísta a quien, con tal de no ver llorar, le dábamos todos los caprichos.

Se acostumbró a hacer su santa voluntad, sin pensar en las consecuencias, y no nos dimos cuenta. Cuando se independizó le avalamos su casa con la nuestra, y cuando le fueron mal las cosas y perdió su trabajo, pedimos un crédito para ayudarlo. Sí, claro, podía haber vuelto a vivir con nosotros, pero dijo que no se veía capaz y claro, queríamos respetar su independencia, ¿se puede ser más tontos?

Un día llegó una carta del banco, exigiendo que liquidásemos los pagos atrasados de la hipoteca de nuestro hijo. Esa que nosotros avalamos y que él nos había jurado que estaba pagando. Pues resultó que no era verdad. Lo malo es que no teníamos el dinero y al final perdimos la casa. Mi marido dice que no quiere saber nada de nuestro hijo, que nos ha arruinado la vida. Y creo que tiene razón.

“Mi padre me desheredó”

Mi padre siempre ha sido una persona estricta y seria. De niña mis amigas decían que les daba miedo, porque nunca sonreía, pero él era así. Mi madre era justo lo contrario y yo pensaba que no había personas más diferentes en el mundo. Ella murió de cáncer hace 10 años. Y mi padre se volvió a casar dos años después.

Metió a otra mujer en nuestra casa, en la casa de mi madre, con sus cosas… No, claro que no lo encajé bien. Y así se lo hice saber a los dos. Y entonces mi padre decidió que si no la aceptaba a ella, entonces no quería saber nada de mí. Dejó de hablarme, de ver a sus nietos y se encargó de decir por todo el pueblo lo mala hija que era.

Hace unos meses me enteré de que estaba en el hospital porque le había dado un infarto y fui corriendo a verlo. Su mujer no quería dejarme entrar en la habitación, y cuando lo hice mi padre me preguntó qué hacía allí, si había ido a asegurarme de que estaba muerto. Me quedé de piedra y cuando intenté contestar no me dejó. Me echó, gritándome que ni me molestase en volver, que me había desheredado y que jamás vería ni un euro de su dinero. No llegó a salir del hospital. Y cumplió su palabra… He impugnado el testamento.